mujer y ave

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domingo, 18 de enero de 2026

Pisando fuerte

 Polos opuestos

Capítulo 36, Pisando fuerte, sobre los pasos

—Creo que me tocará dormir nuevamente sola esta noche— se quejó nuestra pelirroja sentada en la sala frente a la chimenea.

—Debes darle tiempo— expuso Alexandra también veía el crepitar de las llamas de la chimenea. — ¿Quién lo iba a decir?

—¿Sobre? — contra preguntó Martina.

—Que, por tomarnos más tiempo del debido, nos tienen en espera — explicó Alex sonriendo con un dejo de amargura. —Honestamente creo que hemos sido las que han salido perdiendo, ya que no conseguimos a la primera conseguir concretar nuestro reclamo a través del compromiso de un collar y eso que somos las que tenemos la experiencia.

—Puede ser — acotó Martina no muy convencida pasando sus dedos por su cabellera. — También debemos reconocer chica linda, que ellas no son muchachas ordinarias y comunes, son nada menos que las hijas de dos de nuestras amigas de toda una vida con las que forjamos un vínculo familiar. Estaba claro que nos iban a dar pelea y te confieso que ahora entiendo ese espíritu combativo de Laura, son rasgos propios de Calixta. Su mirada cuando está enojada, su pasión y sensualidad al bailar, lo ácida en sus comentarios y lo intratable que se pone cuando está en pie de guerra.

—Es verdad — admitió Alexandra meditando en el intertanto para añadir. — Por dónde se le mire todo indica que es la versión de Calixta en cuanto a carácter y físico. Sus rasgos faciales, su altura y porte refinado que tiene, solo cambian el color de sus ojos y su cabellera que es menos ondulado que la de Cali, su piel más blanquecina. ¿no sé cómo no me percaté antes? Siempre estuvo frente de mí en el hotel. La vi crecer en estos seis años y ninguna campanita que me indicase que tuviera relación con nuestra familia.

—No te culpes por eso, preciosa mía — enfatizó la pelirroja acariciando la mejilla de su amiga. — ¿Sabes que no teníamos cómo

saber? E imagínate lo que debe haber sentido en su minuto Cali y Pía. Todos estos años han sido madres y desperdiciaron muchísimo tiempo sin tener acceso a sus hijos, verlos crecer y ser parte de ese proceso. Aunque sea complicado para mí el estar sin mi gatita, porque me acostumbré a su compañía y a toda ella; no puedo dejar de reconocer y asumir que Calixta reclamará con celo el tiempo con sus hijas. Es su derecho de madre y de seguro pondrá límites con respecto a Laura. Estoy clara que tendré que hacer más de una concesión con Siren, ya que de oponerme será implacable en apartarla de mi lado y sin mencionar que mi Laurita tiene el mismo síndrome de lo intransigente y un apego terrible por su mantita personal.

—¿Puedes culparla? — cuestionó Mirelles sonriendo a medias ante lo dicho por Magnolia.

—De ninguna manera — defendió Martina con un dejo de aceptación a los hechos o nostalgia. — Han sido 21 años lejos de su madre y viceversa. Ese no es el problema.

—¿y cuál es? — indagó Alex viéndola con curiosidad.

—Lo que mencionó Tania con respecto a Laura — aclaró Magnolia.

—¿Sobre las sumisas? — contra preguntó Alexandra un poco confundida.

—No, eso no y no te sigas acordando más de eso o me viene un yeyo — replicó abanicándose la colorina de acordarse de la mirada de su sumisa. — Ella me mata y también su madre, de solo acercarme a otra mujer.

—¡Oh, claro que sí! — exclamó sonriente Alex. —Estamos hablando de dos Bezanni en plan de malas ¿de pelos no te parece?

—No te burles, chica linda — protestó Martina pasando una dos veces su mano por su rostro para quitarse la impresión de la mala vibra. —Dejando de lado ese tema, lo que me preocupa es otra cosa y tiene relación a que mi preciosa gatita está sintiendo cosas por mí.

—¿Qué tiene de malo eso? — cuestionó más que confundida Alexandra. —Deberías estar complacida de que fuese de ese modo. Tendrías la mitad de tu objetivo.

—Lo estoy chica linda y a la vez me da unos nervios de que sea un detonante para que Laura se quiera alejar de mi — explicó Martina viendo fijamente las llamas casi hipnotizadas. —Tal como se los dije a las demás en el local, Laura tiene un pavor a involucrarse sentimental a otra persona y más tratándose de una mujer, en especial una dominante como yo ¿lo entiendes ahora?

—Me hago a la idea — convino Alex sopesando las cosas. — En pocas palabras, tiene miedo de ceder el control y depender afectivamente de otra persona.

—Ese es el tema — resaltó Magnolia. — y buscará ponerlo en mi contra. Por eso debo domesticar su mente para que deje de combatirme y voy a usar los consejos de Pati para ganarme sus afectos.

—Ahora veo que Cali es el menor de tus problemas — adujo Mirelles volviendo a posar la mirada sobre las llamas. — Pero recuerda lo que siempre ha dicho Bezanni, somos dominantes y es un arma que debemos saber emplearla con nuestras sumisas.

—Lo tengo clarísimo, preciosa mía y por eso, es que me la voy a jugar con todo por conquistar a esa belleza de gatita —decretó una altiva Martina viendo con ojos determinados a cumplir su objetivo. — Esa Bezanni está hecha para mí y no le voy a dejar a nadie el camino libre para arrebatármela.

—¡Entonces! — provocó con un dejo de malicia Alexandra cuyos ojos miel estaban en su punto álgido de picardía. — ¿no sigues pensándotela como antes?

—Por supuesto que no — chilló indignada Martina. — Eres perversa Ehnor.

—Solo bromeaba — defendió Alexandra entregando su mejor sonrisa, una brillante y especial y se abrazó a Magnolia en su arrebato de cariño por esa colorina.

—¿Todo bien? — fue la pregunta hecha en un tono denso y autoritario a un costado.

¡Zas! Fue la descarga que golpeó de lleno sobre aquellas dominantes y es que la entonación estaba cargada de malas vibras. Además, de ser una voz conocida y en el acto, ambas dominas se separaron y se giraron a ver a su interlocutora.

Delante de ellas estaba nada menos que Tania con el ceño fruncido y los brazos cruzados, a su lado se hallaba también Laura que estaba vestida ya en pijama y una mirada asesina de su parte. Y para colmo de males, detrás de ellas estaban sus madres (Pía y Calixta) con el resto de las dominantes.

—¡Ay no! — se lamentó entre dientes Alexandra que llevó su mano a la cabeza y su tic nervioso se activó enseguida.

—¡Estoy frita! — murmuró a dientes apretados Martina con un rostro de trágame tierra. — y por partida doble.

¡Realmente estaban jodidas! ¿O tal vez no? Eso lo deberán descubrir ellas mismas.

—Alex, querida — intervino la rubia viendo a su compañera de un modo peculiar.

—Dime — se apresuró en decir ésta.

—Te han hecho una pregunta y es descortés no darle curso al canal de educación ¿no te parece a ti? — amonestó en seco Pía.

¡Ahí estaba! La segunda de las intransigentes del grupo.

—Esta todo bien, Pía — respondió un tanto parca Alexandra que le enervaba ese tipo de reprimendas como si fuese una niña.

—No he sido yo, quién preguntó querida mía — corrigió la rubia Calladrie.

—Entonces le diré a tu hija que está todo bien — dijo molesta Alexandra que se levantó de golpe del sofá. —No estoy para escenitas celosas de tu parte Tania y menos cuando, mandé al carajo mis normas por elegirte por pareja. Así que deja tranquila de una vez por todas a Martina. Tú problema es conmigo. Pasé por alto tu desaire de ayer y te di tu espacio para estar con tu madre como correspondía. No pretendas ponerme de rodillas por no haber confesado algo que no me pertenecía decirlo, porque no era mi derecho sino el de Lucía ¿lo entiendes?

—¡Alex! — advirtió con medida voz Pía.

—He tenido bastante paciencia, Pía — refutó Alexandra acercando sus pasos a la altura de la rubia y confrontó. — He respetado tu tiempo porqué sé lo que significa para ti y tendrás todo mi respaldo en ese sentido, pero no pretendas que me convierta en un títere.

Dicho esto, se dispuso a encaminar sus pasos entre sus amigas y familia con rumbo a su dormitorio.

—¿Dónde vas? — demandó Calladrie volteándose a verla.

—Te amo con mi alma y mi ser, pero no seguiré por ese camino otra vez — masculló sin emoción Alexandra. — Tú hija queda en libertad, preciosa mía.

Sin más por decir, se fue hacia el corredor. Dejando a casi todas perplejas de su reacción, aunque estaban consciente que una vieja herida había aflorado y Ehnor era sumamente conocida por ser terca y hermética cuando estaba vulnerable.

—¡Mierda! — exclamó contrariada la rubia dominante y su mejor amiga. — Esto no es bueno.

Y en eso…

—¡Alexandra Mirelles! — clamó con enojo Tania que encaminaba sus pasos en pos de su dominante. — ¿tan fácil es deshacerte de mí?

—¡Aha! — adujo sin inmutarse la dominante y sin detener su caminar.

—¿Acaso no le prometiste a mis madres que deseabas convertirte en mi pareja de vida? — preguntó Tania.

—Ahora eres libre...niñita — soltó con saña Alexandra mientras proseguía su camino.

—Eres una completa idiota y una grandísima cobarde Mirelles — vociferó con rabia y dolor Tania. —¿cómo no entiendes que te amo?

¡Pum! Golpe bajo y seco directo a la psiquis y al corazón de la dominante que detuvo en el acto sus pasos…

Un silencio sepulcral se atrincheró por unos segundos que parecieron eternos y de pronto…

—¿Qué has dicho? — Preguntó una dudosa Alexandra que se parapetó a su lado en un abrir y cerrar de ojos.

—Te quiero — cambió de palabras Tania que luchaba entre no dejar salir el llanto y los nervios por ser rechazada por primera vez en su vida, por ello, el giró de palabras.

—Insisto — demandó Alex apegando su cuerpo al de la joven.

—Te quiero — repuso nuevamente Tania.

—Vuelve a repetir lo que dijiste, primeramente — exigió la dominante.

—Te… amo — balbuceó entre nervios Tania bajando su cabeza un tantito.

—¿Segura? — indagó más suave Alexandra y levantando el mentón de su sumisa.

—Lo estoy — Afirmó con resolución la joven.

—En ese caso — habló un poco Mirelles.

Se adueñó sin más de los labios de Tania, respondiendo de este modo al querer de su sumisa y compañera de vida.

—No salió nada mal — fue lo dicho por parte de Ariana contemplando la escena frente a ellas.

—Coincido contigo — respaldó Catalina. — una menos en la fila de la soltería.

—Creo que iré a la cocina a pedir una leche tibia para dormir — mencionó Calladrie con una sonrisa en los labios. — Tendré que acostumbrarme a ver mis pollitos hacer cosas de grandes.

—Exagerada — se burló Calixta que también estaba en pijama al igual que su hija.

—No te hagas, que para ti será peor — amonestó con ternura Pía viéndola de pies a cabeza. —Dudo que quieras dejar a tu pajarito lejos de ti hoy, por la facha en la que andas.

—No lo negaré — fue la aplastante respuesta de Bezanni. —Es mi tiempo al igual que lo debe ser para ti.

—Descuida, querida — recalcó la rubia con una mirada intensa. — lo tengo muy presente, te diré esto una sola vez, es una pequeña concesión de mi parte ya que tendrá un año antes de asumir su derecho ¿se entiende?

—A la perfección — aseveró Calixta con una sonrisa igual de petulante. — Te aseguro que mis pichones tendrán más exigencias de mi parte.

—Te creo — dijo Pía con una mirada cómplice entre ambas. — Es el precio por del desliz de Alex y Martina aquella vez en el antro.

—¡Exactamente! — convino Calixta observando ahora a su hija—¿A lo que hemos venido mi pajarito?

—De acuerdo — acató Laura que estaba observando la muestra de cariño de su mejor amiga y Mirelles.

Con un profundo suspiro encaminó sus pasos para llegar al lado de cierta pelirroja que permanecía sentada solo contemplando todo cuanto hablaron las demás. Se nota que Magnolia estaba reflexionando en todo cuanto se dijo.

—Estaré en la cocina con la demás — habló Calixta viendo a su pajarito. —no demores mucho, hija mía.

Esto último fue dicho a propósito de parte de Bezanni para demarcar un límite territorial y recalcar la prioridad que le asiste como madre, ante todo.

—No lo haré, mamá — complació Laura con cariño.

—¡Perfecto! — exclamó sumamente complacida Bezanni de tener el lugar que le corresponde y la lealtad de su hija mayor.

—¿Decías querida mía? — refutó con alevosía Pía a su amiga.

—No lo niego hermosa e insisto — admitió llanamente Calixta. —  que no estoy en condiciones de renunciar a mi hija por más que haya convenido en mis palabras a Vanessa de que habiendo una pareja de por medio, cedería. Está lejos de ocurrir por el momento y al igual que tú, un año es lo mínimo que haré en concesión. Han sido 21 largos años privada de mis hijas, no esperen generosidad de mi parte en ese aspecto. Tengo mucho que descubrir y experimentar con ellas, forjar un lazo familiar no se hace de la noche a la mañana, toma tiempo. Quiero vivir la experiencia de verlas, sentirlas, saber sus opiniones, cubrir sus necesidades, estar para ellas cuando no estén en su mejor momento, disfrutar de su compañía, viajar, etc. Construir codo a codo y día a día nuestro vínculo madre-hija. Gastaré cada segundo de mi vida en ser merecedora de sus afectos y por sobre todo que me permitan descubrir el placer de ser su madre.

 —Ellas ahora lo son todo para mí y no voy a cederlas fácilmente, Pía. Has de saber que Laura y Carlina se consideran mamonas, pero la verdad es que también me siento de esa forma, dependiente terriblemente de mis hijas y siendo honesta, me gusta y mucho. —terminó de hablar desde lo más profundo de su ser interior Bezanni.

—¡Hermosa! — resaltó la rubia Calladrie enternecida con la confesión de Calixta. — Te comprendo tan bien en tu sentir. Han sido años privada de esa relación con mis hijos, que, siendo más honesta en toda mi vida, estoy luchando mi peor batalla en este momento. Entre el amor de ellos y el cariño infinito que tengo por Alex. Es duro y necesito tiempo para balancear ambas cosas y ser justas. Soy madre ¿pueden culparme?

—Claramente no — intervino Ariana que escuchaba junto a Cata la conversación entre Bezanni y Calladrie. —Inés puedes prepararnos algo tibio y liviano antes de irnos a descansar.

—Enseguida — repuso la empleada.

—Gracias — dijo Ariana viendo a las demás. — ¿Por qué no tomamos asiento? Es mejor una conversación cómoda y le damos su tiempo a las chicas para estar con Martina y Alex ¿les parece a ambas?

—Siempre tan acertada, preciosa — aceptó de buena gana Pía.

—Para eso estamos — puntualizó Banzer con su acostumbrada picardía. — Para ponerte los pies en la tierra.

—Y se agradece — fue turno de Calixta en elogiar. — el apoyo y respaldo de nuestra familia.

—Lo prometimos hace años y lo hemos cumplido cabalmente — mencionó Cata. — Nuestra unión va más allá de una simple amistad, está forjada en hechos rotundos que son imperecederos y quiero proponer un brindis, aunque sea con leche; por el honor de ser parte de esta familia.

—¡Qué sana! — se mofó Ariana guiñando un ojo a las otras dos con una taza de aquella bebida. — ¿salud entonces?

—¡Salud! — manifestaron todas.

Mientras nuestras dominantes, estaban absortas en su interacción tanto el corredor y en la sala de estar. Dos parejas estaban en su mundo.

—¿Regálame esta noche preciosa mía? — solicitó Alexandra entre besos. — mañana serás devuelta con Pía, sana y salva.

—¿Sana y salva? — refutó cariñosa Tania, mordiendo el labio inferior de su dominante. —Lo dudo, pero acepto tus términos, mi adorada Alex.

—¡Excelente! — proclamó Alexandra y sin más, tomó en brazos a sus sumisa y se la llevó con rumbo a su dormitorio. — Quiero demostrarte lo mucho que me afectaron tus palabras. Verás que voy a consentirte como nunca antes.

—Me agrada tu proposición — alabó Tania besando la mejilla de su señora y disfrutando de ser llevada al estilo nupcial. — ya te extrañaba, mi señora.

—Eres una listilla tan encantadora — murmuró extasiada Alexandra disfrutando plenamente su señorío. — También te he extrañado, mi hermosa.

—Mi Alex — susurró con amor Tania.

En un dos por tres, desaparecieron del ojo de la demás para ocuparse de prodigarse todo cuanto necesiten.

En la sala de…

—¿Estás bien? — preguntó la pelirroja mientras observaba a la joven a su lado.

—En parte sí — admitió Laura observando el fuego de la chimenea. —Es todo tan sorprendente e inesperado que cuesta un poco procesarlo y estoy intentando dejarme llevar.

—Es bueno escuchártelo decir, gatita — resaltó Martina, tomando la mano de su sumisa entre la suya. — No sabes lo que me complace que te estés abriendo a vivir esas emociones. Cómo has dicho, no es fácil, pero lo estás intentando y eso es meritorio, lo importante aquí.

—Martina — dijo Laura.

—Dime — instó ésta estudiando los rasgos de la muchacha.

—No estoy lista aún para una conversación real contigo — asumió Laura ahora observando la unión de sus manos. — Sé que tenemos un camino espinoso entre las dos. Quiero ser honesta contigo sobre lo que siento en estos momentos, quiero y necesito este tiempo con mi madre más que cualquier otra cosa que haya querido antes.

—¿Quieres terminar nuestra relación? — fue directo al grano Martina sin dejar entrever sus emociones. — para centrarte en tu tiempo con tus madres.

—Realmente eres una idiota Martina — recriminó Laura, retirando su mano de su dominante. — Tal vez debería darte en el gusto.

—¡Tranquila mi hermosa Gatita! — suplicó la pelirroja recuperando la mano de su pareja. — Solo he preguntado nada más. No estoy dando nada por sentado. Quiero saber tu sentir y cuáles son tus planes para con nosotras.

—¿De verdad? — inquirió Laura confundida.

—Lo es, gatita— afirmó Martina besando la unión de sus manos. —Necesito saber tu parecer.

—¡Oh! — exclamó sorprendida la joven y se arriesgó en dejarse llevar. —No estoy lista para una conversación más profunda sobre el tipo de relación que podemos llegar a tener, pero no deseo que te alejes. Solo te pido que no juegues conmigo, sé que eres una dominante y que no tienen apegos emocionales con nadie. Si deseas retomar tu estilo de vida al que estás acostumbrada dilo, será lo mejor para ambas en ese sentido, de lo contrario ten presente mi petición. Ahora, he venido a darte las buenas noches como corresponde ya que estaré con mis madres y como te dije recién, necesito de ella más que nunca.

Terminado de hablar quedo viendo directo a esos ojos verdes de su dominatriz, se notaba que había una lucha feroz en sus pupilas que eran el espejo de su interior.

—Para no querer una conversación profunda todavía, has sido muy específica y terriblemente honesta, gatita. — indicó Martina acariciando los dedos de su sumisa. — Voy a corresponder esa honestidad tuya, diciéndote lo siguiente: No voy a alejarme de ti y con esto estoy aceptando tus términos. Estoy muy clara que necesitan tú y Calixta recuperar todo ese tiempo que perdieron no solo para interactuar sino para establecer el vínculo de madre e hija y es algo que respaldaré plenamente como tu dominante y compañera. No obstante gatita mía, no debes olvidar que también formo parte de tu vida y preciso de tu tiempo y compañía. Buscaremos la forma de compaginar nuestros tiempos porque yo no estoy dispuesta a renunciar a ti, Laura. ¿queda claro mi punto para ti?

—Lo hace — repuso Laura que sopesó el mensaje detrás y siguiendo a su sentir, expresó. — mi tiempo con mi madre no es algo que pasará en un mes Martina, yo no voy a renunciar a estar con ella por nada ni nadie ¿lo entiendes?

—Estoy muy consciente de ello, gatita — afirmó su respuesta la pelirroja y tomando del mentón a su sumisa, advirtió. — no me interpondré jamás en tu relación con Cali, pero quiero que entiendas también que no soy cualquier persona o nadie cómo has dicho, soy tu dominante y señora, lo sabes aquí adentro (tocando el corazón de su niña) e insisto que juntas encontraremos el camino para compaginar los tiempos.

—No intentes imponerte — refutó Laura sacando a relucir su lado intransigente.

—No lo hago, mi gatita — defendió Martina besando sus labios levemente y alejarse de ella, para continuar. — Estoy haciendo una concesión contigo tal cual me has pedido y he aceptado tu petición. Del mismo modo quiero que aceptes mis términos, eso se llama un acuerdo equitativo entre las dos ¿no te parece hermosa?

—Te dije que no estoy lista para una plática profunda que involucre una relación formal entre las dos — replicó tozudamente Laura.

Esta vez fue de parte de Farkless que se desprendió esa intensidad de su mirada y era la que comenzaba a ponerse en pie de guerra. Tal como se ha dicho no es dada a que se la lleven por las narices.

—Veo que no estás dispuesta a negociar conmigo — expuso Martina que se dispuso a levantarse del sofá y desde su altura le envió un mensaje fuerte y claro. — Me pides un acuerdo unilateral, gatita y eso no es correcto, lo sabes. Estás inmersa en el mundo del sado en todos los aspectos posibles. Mantendré mi postura y cuándo estés listas para una conversación real, entonces hablaremos ¡Buenas noches, Laura!

—Siempre tienes que salirte con la tuya Farkless — recriminó Laura que de golpe se levantó y la sujetó del brazo con fuerza e impedirle que se largará. — ¿no es así?

—¿De qué hablas? — cuestionó Martina que se giró para verle.

—Acepto — murmuró contrariada Laura. — ¡Idiota!

Esta vez, la sorpresa se pintó por completo en el rostro de la pelirroja dominante y no daba crédito a lo dicho por su sumisa.

—¿Aceptas mis términos? — insistió Martina que acercó su cuerpo al de su sumisa.

—Lo hago — afirmó Laura viéndola desafiantemente.

—¡Gatita! — susurró extasiada la dominante y selló el acuerdo con un beso profundo.

Al cabo de unos buenos minutos, cesó aquel beso entre ambas y la dominante acarició el rostro de su joven sumisa, por primera en vez en su vida se estaba permitiendo forjar un vínculo sentimental con una mujer. Para todos les llega su momento en la vida de sentar cabeza, bueno a casi todos. Han pasado mucho tiempo desde que decidió no involucrarse afectivamente con otra persona desde que casi le imponen un matrimonio a la fuerza a eso de los quince años.

Martina Farkless ya no es esa chiquilla, es una mujer en todo su esplendor y hoy está escogiendo libremente formar una relación con esta muchacha que le robó el aliento en ese antro con su sensual baile y literalmente la encadenó a su piel, porque efectivamente es lo que terminó por suceder ¿quién atrapó sin contemplación a la dominatriz? apodada Magnolia, Fue nada menos que Laura Tello, ahora Bezanni.

—¡Vamos! — demandó Martina tomándola de su mano y entrelazándola con la suya.

—¿Dónde? — preguntó una aturdida Laura.

—Con tu madre — respondió Martina arrastrando a su pareja. — yo estoy respetando nuestro acuerdo y por mucho que desee llevarte conmigo a nuestro dormitorio, cumpliré con lo que me has pedido.

—Gracias — acotó complacida Laura más tranquila.

—Eres mi pareja y como dominante velaré por ti — recalcó Martina al llegar a la cocina dónde estaban las demás. — ¡Calixta!

—Dime — respondió la morena observando las facciones de la otra dominante y familiar.

—¡Aquí tienes a tu hija! — enfatizó con intención Martina con esa mirada glacial que suelen tener los dominantes al sopesarse entre sí. —Dejo a mi compañera en tus manos hasta el momento debido.

—Ella es y será mi prioridad, Magnolia— respondió con la misma entonación Calixta, cuyos celestes brillaban con intensidad. — Mi hija, tendrá su tiempo.

—Lo he asumido como tal y respaldo su petición — declaró Martina con la misma potencia. — y mi acuerdo contigo sigue en pie. Solo te pido que mantengas tu promesa conmigo.

—La tienes y lo sabes muy bien, Martina — reafirmó Calixta. — No dejaré a mi hija en manos de otra persona.

—¡Excelente! — elogió la pelirroja viendo a las demás. — Me iré a descansar, chicas hermosas. Nos espera un día intenso mañana.

—Es verdad — convino Pía. — mañana será un día decisivo. Ari, querida.

—Dime, encanto — contestó ésta. —¿Qué necesitas?

—Estás más cerca de Alex, ten la amabilidad de tirarle la puerta abajo en caso de quedarse dormida — demandó la rubia sin contemplación.

—¿Quieres que las interrumpa? — inquirió traviesamente Ariana.

—Con sutileza, hermosa — solicitó sin miramientos Calladrie y un rostro que mostraba de por qué era, dominante e intransigente. —Cómo tú sabes hacerlo, le dejas mi mensaje por favor.

—¡Será un placer! — aceptó Banzer con malicia.

—¿¡Qué terrible!? — exclamó Cata con diversión y a expensas de otras dos, soltó. — no hay cosa más atroz que enfrentarse con madres mamonas ¿no lo creen?

—Por lo visto — asumió Martina viendo a Bezanni. — Es intimidante ¡Créeme!

—Es hora de descansar — demandó Calixta sonriendo a la pelirroja, añadió. — ¿nos vamos mi pajarito?

—Sí, mamá — accedió de inmediato Laura, que se abrazó de inmediato a su madre feliz como niña pequeña.

—¡Buenas noches a todas! — se despidió Calixta con su hija abrazada a ella como una lapa.

—¡Buenas noches! — respondieron las demás.

Una vez que la dueña de casa se hubo marchado de la cocina.

—Se nota que Cali está disfrutando mucho de su nuevo rol de madre — señaló Ariana. — nunca la había visto tan feliz y relajada a la vez en tan poco tiempo.

—Ella al igual que yo, anhelaba formar un vínculo familiar con Patricia, solo que no lo dijo a tiempo y fue el error que cometimos ambas — admitió Pía meditando en sus propias acciones. —Ahora, tiene una segunda oportunidad a la que no está dispuesta a renunciar bajo ningún contexto ¿lo entiendes Martina?

—Estoy muy clara en ello, Pía — asumió la pelirroja. —No le quitaría jamás su derecho.

—Tampoco te lo permitiría — recalcó con firmeza Calladrie. —No es una opción querida mía, intentarlo siquiera. Es sabio y prudente, hacer concesiones esta vez Martina. Ella es su madre y está por encima de ti y lo mismo sucede con Alex. Tendrán su tiempo para afirmar su derecho a una vida en pareja, solo sean pacientes y respetuosas. Esa es la clave.

—He aceptado la petición de Laura y eso te confirma, el respeto a mi pareja y a la condición de madre de Calixta — defendió Farkless. —Mi familia lo es todo y ahora, lo es mi compañera.

—¡Celebro escuchártelo, Magnolia! — alabó la Pía dándole un abrazo. —Hemos estado abiertas a esta nueva interacción y lazo con ustedes dos, lo que te asegura nuestra aprobación y respaldo tanto a ti como Alexandra. No dejaríamos a nuestras hijas en otras manos. ¿Se entiende ahora nuestra postura?

—¡Perfectamente! — contestó Martina.

—¡Maravilloso! — exclamó complacida Calladrie. — Es hora de descansar. Mañana deberos reunirnos con nuestra otra familia.

—Vamos — respondieron las otras tres.

Juntas se fueron con un aire más relajado y distendido entro todas, cada vez más se iban ganado pequeñas batallas que las unía de un modo sin igual.

En la alcoba de…

—¡Vamos a dormir mis pichones! — ordenó Calixta descorriendo los cobertores de su lecho y señalando a sus hijas. — Ambas en el centro.

—De acuerdo, mamá — la primera en aceptar fue Carlina que estaba sentada en las piernas de Patricia.

—Pajarito — llamó Calixta.

—Voy, un minuto por favor — solicitó Laura que secaba sus labios después de cepillarse los dientes. — Ya estoy.

—¡Adentro! — demandó seria Bezanni que no le gustaba repetirse.

—¡Te amo! — dijo sinceramente Laura que le robó un beso a su madre dominante para hacer las paces a su manera.

—¡Mi pajarito astuto! — amonestó sonriente Calixta, luego de esa muestra de cariño de su hija.

—Es lo que siento — defendió Laura que jaló a su madre y la envolvió en un abrazo y le susurró cerca de su oído. — Yo sé que ustedes las dominantes, no son personas dadas al sentimentalismo y esas cosas, pero tú eres mi madre y lo que dije en la tarde es muy cierto, eres muy querida para mí y no voy a renunciar a ti, le guste o no a los demás.

—Como tampoco yo no renunciaré a ninguna de ustedes, son mías y son mi todo junto a su madre — reafirmó Calixta con los ojos brillosos por las emociones que le generaba escuchar a su hija. —Las palabras saldrán, es cosa de acostumbrarme a ellas, más sepan, que ya las quiero mucho.

—Lo sabemos, mamá — aseguró Carlina sonriéndole a su progenitora. — Realmente es una cama inmensa y que bueno que quepamos las cuatro.

—Es una cama familiar — aseguró la morena. — con ese propósito se mandó hacer.

—¿Hace cuánto? — preguntó Laura.

—Desde hace cinco años — develó Calixta ahora viendo a su pareja. — mi plan siempre fue traerte de regreso incluyendo a los pichones. Abracé ese sueño de tenerlas junto a mí, aunque no sabía que eran mías propiamente tal en ese momento. Desde tu divorcio que empecé a planificar y darle forma a mi propósito.

—¡Oh, Cali! — exclamó dichosa Patricia, abrasando a su señora y pareja, besando sus labios con delicadeza y todo el amor que siente desde hace muchos años por esta mujer.

—Ahora ya están conmigo tal como ha sido mi deseo desde hace 21 años, mi avecilla — resaltó Calixta abrasada a su pareja y viendo a sus hijas, añadió. — Sepan que no hubo día en que no desease formar esta familia como lo hacemos hoy. Demoré en proponértelo como era debido en ese tiempo y pagué un precio por no concretarlo. Ahora, solo quiero estar a su lado y no las compartiré con persona alguna.

—¡Así se habla mamá! — alentó con pasión Laura.

—¿Qué familia más acaparadora? — bromeó Patricia viendo a sus hijas y a su señora.

—Somos Bezanni Vidal — declararon ambas hermanas más que risueñas.

—¡Exactamente! — respaldó Calixta complacida a más no poder.

¡Su familia! suya y no renunciaría a ellas.

—Cariño, descansemos — solicitó la morena que acomodó a su pareja en un lado de la cama y ella retomó su otro costado para dejar en el medio a sus pichones.

Así y al igual que un nido de aves, esta nueva familia se acomodó para el descanso que precisaban para enfrentar un nuevo día decidor.

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