mujer y ave

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sábado, 7 de febrero de 2026

Una conversación pendiente

 

Polos opuestos

Capítulo 37, Una conversación pendiente.

Como de costumbre, la jornada inició muy temprano por la mañana y aunque los cielos se mantenían cargados de agua, rociando con una lluvia intensa acompañada con vientos que ya habían causado estragos en todo el litoral costero y parte de la zona interior de la región. No obstante, la vida no se detenía con las inclemencias del tiempo ya que estaba en temporada invernal y de esperarse a pesar de la sequía de quince años. Hoy, se volvía a retomar la época de lluvias como correspondía.

Y en las cercanías del borde costero a la altura de Reñaca, en casa de Bezanni y a eso de las siete en punto.

—Tendremos que irnos en dos vehículos — expuso Catalina mientras terminaba de desayunar. —es aconsejable que Luis y Héctor releven a Sebastián y Samuel que les ha tocado conducir bastante estos dos días.

—Estamos de acuerdo en ello — convino Pía mientras tomaba su café— Además, José llegó recién a noche desde Totoralillo.

—Fue un viaje bastante complejo para mi chofer — coincidió Martina bebiendo también su café. — y debió hacer varias paradas a lo largo del camino por la lluvia. No puedo exponerlo a conducir nuevamente con el cansancio de un viaje largo.

—El problema que veo ahora es que nuestros vehículos diplomáticos son un poco bajos para el nivel de agua que debe haber en las calles — expuso Ariana entre bocados.

—Coincido contigo, Ari — secundó Pía limpiando sus labios después de finalizar su café. — Lastimosamente deje mi jeep en casa.

—Estoy pensando que debemos replantearnos cambiar de vehículos ahora que nuestra familia creció — refirió Cata. — se han hecho pequeños.

—Tal vez deberíamos optar por comprar una Vans de pasajeros para toda la familia — mencionó Alexandra bebiendo su jugo. — y de paso aprovecharé para ver un coche para mí. Mi situación también ha cambiado, ya no podré andar en motocicleta solamente.

—Te ayudaré con eso, Alex querida — comprometió Calladrie. — y en cuanto a lo otro, no soy muy partidaria de una Vans, prefiero una Suv antes que eso.

—¿Y tú qué opinas Cali? — emplazó Catalina que había observado lo silenciosa que se mantuvo la morena.

—Estoy de acuerdo con Pía, no es una opción viable — se pronunció Bezanni. — Son muy espaciosas y de poco agarré en el pavimento con las lluvias. Además, tú, Ari y Martina tienen casas en plena naturaleza, lo que lo hace inviable. Convengo con lo de renovar un modelo de auto por un todoterreno. Y anticipándome a un escenario como este, es que hace un mes adquirí un Suv Ford expedition que tengo guardado en la cochera con la finalidad de usarlo con mis avecillas. Hoy será la ocasión de estrenarlo.

—Siempre yendo dos pasos por delante, preciosa — elogió Catalina a sabiendas lo dada que era de planificar con antelación Bezanni.

—Está claro entonces en que nos iremos en la Ford — sentenció Ariana dándole un último sorbo a su café. — la pregunta es ¿cuál chofer?

—Opto por Héctor — enfatizó Calixta terminando desayunar de igual modo. — ¿están de acuerdo?

—Si — fue el respaldo unánime de todas las demás dominantes.

—¡Vayamos entonces! — demandó Bezanni levantándose de su asiento. — entre más pronto salgamos de esto, mejor será para todas nosotras ya que deseo pasar el día con mis hijas, se los prometí y pienso cumplirlo.

—Lo entendemos, cariño — respaldo Ariana consciente de lo expresado anoche por su amiga.

—¿Crees que haya una posibilidad que Carlina nos preparé unos panes dulces hoy? — inquirió ilusionada Catalina. —El día se presta para eso ¿no te parece Cali?

—No pierdes tu tiempo Minard — amonestó con cariño Calixta con una sonrisa cómplice. —Se lo planteé a mi pichón anoche y me respondió que sí.

—¡Excelente! — alabó complacida Cata con una sonrisa dantesca. — Y me conoces a la perfección, encanto.

Entre la conversación, llegaron al recibidor dónde se encontraba Inés y Héctor en espera de recibir instrucciones.

—Por favor Inés, ocúpese de atenderlos en una hora más — solicitó Calixta. — y pídale a Pri que revise nuevamente a Carlina y cualquier novedad que surja me llaman de inmediato al privado.

—Como usted ordene señorita Calixta — repuso la empleada.

—¡Buenos días, Héctor! — Saludó Bezanni entregando un objeto en particular. — Aquí tiene la llave del Ford que en está en la cochera dos, por favor vaya a buscarlo.

—¡Buenos días, señorita! — correspondió el saludo el chofer. —De inmediato.

Al cabo de unos instantes de espera, un Ford expedition azul metálico se aparcaba en la entrada principal y subían a su interior aquel grupo de mujeres.

—¿Dónde señorita Calixta? — preguntó el chofer.

—A las torres del coracero — respondió Bezanni.

—Bien — acató el chofer.

De este modo el vehículo abandonó la propiedad para irse con rumbo al centro de Viña del mar, también en el borde costero en medio de un aguacero de proporciones. Resultaría ser un viaje complejo por inundaciones (desvíos) y un oleaje muy pronunciado que rompía con todo a lo largo de la arteria principal del balneario que abarcaba Avenida Borgoño, Jorge Montt y finalizaba como José de San Martin.

Y en…

7:30 en punto…

—¡Buenos días, Luisa! — Saludaron a la empleada.

—¡Buenos días, señor Bezanni! — saludó la mujer. — Hace mucho que no nos visitaba ¿puedo ayudarlo en algo?

—Bastante tiempo diría yo — aseveró Francesco Bezanni. — Más es el tiempo que le pertenece a mi hija en dirigir esta empresa. Hay que darle paso a la juventud y renovar con nuevas ideas. Espero que esté a la altura de lo que se espera de ella.

—La señorita Calixta es una excelente jefa — mencionó Luisa a su antiguo empleador. — Muy exigente con su personal y con los inversores es implacable.

—Es como tiene que ser Luisa — aseguró Francesco. — en el mundo de los negocios se necesita disciplina, ambición, constancia y carácter. No es para irresponsables y Calixta lo sabe de sobra.

—Sin duda que ella lo tiene presente — convino la empleada. — Es su hija.

—Ella es una Bezanni por encima de todo — replicó Francesco. — Luisa necesito que habiliten la sala de reuniones para doce personas. Que llegaran en cosa de unos minutos más. Equípenla con todo lo necesario por favor.

—De inmediato — acató la mujer. — ¿el café de siempre?

—Por supuesto — repuso el padre de Calixta.

Con la llegada de Francesco Bezanni en las inmediaciones de la inmobiliaria, también llegaban los demás empleados a cumplir con su jornada. Tener al progenitor de la dominante significaba una tensión mayor entre los empleados, el hombre se caracterizaba por ser implacable e intratable al igual que su hija.

Se notaba que sería un día intenso y decidor en varios aspectos para la vida de muchos involucrados.

Y hablando de…

—Ella se ha marchado ya — musito una muchacha que estaba viendo a otra.

—¿Crees que es prudente hacerlo? — preguntó la joven.

—Si no lo hacemos, las volverán a separar — expuso su contra parte. —No podemos exponer a mamá a otro sufrimiento.

—De acuerdo — aceptó la muchacha. — pongámonos en marcha entonces.

—Hablaré con Sebastián ¿te parece? — señaló la otra.

—Hazlo — indicó la menor. — Buscaré otra chaqueta y no correr riesgos.

—Bien — respaldaron.

Después de unos minutos, se reunían en la entrada principal.

—¿Piensan dejarnos aquí? — fue la increpación de otra persona.

Al voltearse a ver…

—Estaba segura de que también estaban a la espera de que ellas se fueran — aseguró la mayor viendo a las otras dos.

—Somos tan predecibles como ustedes dos — refutó una pícara muchacha. — pero es hora de arriesgar y proteger a nuestra familia.

—Es la idea, Sol — secundó complacida la otra menor.

—No olvides que tenemos una conversación pendiente tú y yo — resaltó nada menos que Van.

—Lo haremos — asumió Carlina.

—¡Andando chicas! — ordenó Tania a su vez.

Con la complicidad del empleado, salieron en total silencio de la propiedad y resguardados por el ruido de la lluvia subieron a bordo del coche.

—¿A dónde señoritas? — preguntó el chofer.

—Sebastián, no estoy muy segura de haber oído bien, pero creo algo así como el coracero — señaló Laura que iba de copiloto.

—Comprendo. Ustedes desean ir a la inmobiliaria — mencionó el chofer sopesando las cosas e indicó. — Tomaremos un desvío para evitar el oleaje y la inundación.

—De acuerdo, Sebastián — apoyó Laura concentrándose en el camino para ayudar de ser necesario por la visibilidad.

«Se nota que tiene la misma determinación que la señorita Calixta, por algo es su hija» sopesó Sebastián mientras conducía por eso aguacero.

Mientras ellos se abrían paso por en las calles, otro vehículo llegaba a las inmediaciones del condominio de las torres a eso de las 8:30. Momentos más tarde…

—¡Buenos días, Luisa! — saludó Calixta junto a los demás miembros de su familia.

—¡Buenos días, señorita Calixta! — saludó la empleada viendo a todas y recordó lo dicho por su anterior jefe. — Las están esperando en la sala principal.

—Gracias, Luisa — dijo Bezanni. — No deseo ser interrumpida, cuando finalicemos esta reunión, ten a mano los informes que solicité.

—Lo tendrá en su escritorio, señorita Calixta — contestó su secretaria y mano derecha. —¿algo más que requiera?

—No por el momento — repuso Bezanni. — Continue con su trabajo.

De su parte no hubo respuesta porque era un hecho que debía hacerse tal cuál solicitó su jefa. Consciente a cabalidad de lo intransigente que es su superior.

—Es hora de terminar con todo esto — murmuró seria Calixta viendo a las demás.

Un asentimiento de cabeza fue toda la respuesta que se requería y juntas se encaminaron hacia el elevador que los llevaría al otro piso en que se hallaba una oficina especial para cuestiones de índole mayor y privado.

Al ingresar a dicho lugar fueron recibidas por seis hombres muy conocidos por todas ellas.

—¡Buenos días! — fue el saludo gélido de parte Calixta. —pensé que sería una reunión solo contigo, padre.

—¡Buenos días todas ustedes! — correspondió al protocoló Francesco Bezanni e indicando con su mano. —Tomen asiento como corresponde, ya que no iniciaremos ninguna plática con ustedes de pie ¿se entiende?

—Perfectamente, señor Bezanni — repuso su hija.

—¿Se les ha olvidado cómo saludar a las demás? — recriminó Evaristo Calladrie.

—¡Buen día, padre! — saludó Pía tomando su lugar. —No se nos ha olvidado la educación, pero no los esperábamos a decir verdad tal como mencionó Calixta.

Y antes que se intensificará el asunto, las demás procedieron a…

—¡Buenos días! — saludaron las otras restan dominantes.

—¡Buen día! — de igual forma saludaron Leopoldo, Maximiliano, Robert y Rafael.

Al siguiente segundo, Francesco Bezanni tomó las riendas de la conversación.

—¿Han desayunado? — preguntó el padre de Calixta.

—Lo hemos hecho — repuso su hija seca.

—De acuerdo — no se inmutó en decir Francesco. — ¡Vayamos al grano entonces!

Tomando de su portafolio algunos objetos que fue dejando sobre la mesa en frente de cada una de las seis mujeres.

—Como verán nosotros tenemos un acuerdo el que pactamos ya hace unos años — inició el dialogó Bezanni retomando su lugar. — y en vista que han demorado en llevar a cabo con su cometido, es que nos vemos obligados a buscar una nueva alternativa.

—¿De qué estás hablando padre? — cuestionó Calixta de inmediato.

—No interrumpas, hija mía — amonestó sin contemplación Francesco.

No hubo replica a su orden, pero sí una mirada cargada de todo, menos aceptación.

—Frente a ustedes está la última de sus oportunidades — planteó indolente Bezanni, — Cómo pueden comprobar, estas son las candidatas para que puedan conseguir su objetivo de una vez por todas.

No fueron las palabras de parte del padre de Calixta sino con lo que encontraron frente a sus ojos, que las dejo perplejas y descolocadas a la vez.

—¿Es una broma? — refutó Alexandra viendo la fotografía de la candidata en cuestión.

—Por supuesto que no lo es — fue el turno de Rafael Mirelles viéndola seriamente. — No hemos venido hasta aquí para tomarles el pelo a ninguna de ustedes. Yo no me prestaría para ese tipo de cosas y lo sabes muy bien Alexandra. Estoy muy consciente que lo tuyo no era tener familia y a estas alturas ya había perdido la esperanza que pudieras siquiera planteártelo. No obstante, esto abre un nuevo escenario y dependerá solo de ti, concretarlo.

—Por mucho tiempo llegue a detestar el concepto de familia que intentabas imponerme — reveló Alexandra viendo con intensidad a su padre. — Nunca tuve una muestra tuya que indicará que verdaderamente querías mi felicidad porque siempre has sido un hombre muy cuadrado y estereotipado en dogmas convencionales y arcaicos. No tenía interés alguno en seguir ese camino.

—Siempre estuve consciente que eras distinta de mis otros hijos — señaló Rafael bebiendo un café. — y me empeñé por mucho tiempo en enderezar tu camino y que la familia fuese importante para ti. Lastimosamente me equivoqué y lo asumí con los años con ayuda de tu madre y de Francesco aquí presente. Aprendí a verte desde otra mirada y asumir que no hay mucha diferencia entre tu estilo y mi método de vida. Queremos algo en común, pero discrepamos de la forma ¿no es así Alexandra?

—Lo es — afirmó Alex sopesando este nuevo escenario y siendo por primera vez sincera frente a su padre. — La familia significa todo para mí y esto solo lo encontré al lado de estas cinco mujeres, que se convirtieron en eso. En dónde hallé respeto, lealtad, apoyo y sinceridad. El tiempo demostró que el vínculo que forjamos todas nosotras es fuerte y potente e incluso me atrevería en decir que es más leal y comprometido del que se crea con un lazo sanguíneo.

—Es cuestión de puntos de vistas que pueden estar en oposición, ciertamente. Lo que cuenta es el trasfondo real al que deseamos llegar — preciso Rafael. — y el motivo de esta reunión.

—La familia — intervino Francesco jugando con su mano sobre su nariz, acto típico de quién sopesa las cosas. —Si bien se les dio un plazo razonable para concretar tener un heredero han desperdiciado sus buenos años y el tiempo es un bien irreversible. No pretendo adornarles el escenario nuevamente porque cada una sabe lo que está en juego acá. Por este motivo es que las echó venir, para zanjar de una vez por todas este pendiente y llegar a un acuerdo definitivo.

—¿Y esta es tu proposición?  —preguntó Calixta a su padre mostrando la fotografía. —Creo que has llegado tarde, ella ya se encuentra conmigo al igual que mis hijas. Y es un tema que deseo hablar en privado.

—Está reunión no trata de tu situación o la de Pía, sino que atañe directamente a las demás, tu familia como sueles llamarle — corrigió de inmediato Francesco— deberías haberlo previsto Calixta, tú eras el medio para traerlas acá.

—¡Ya veo! — exclamó con molestia Calixta. — Solo me usaste para llegar a ellas.

—¡Exactamente! — respondió sin miramientos su padre. —Como mencioné, ustedes ya tienen resuelto lo de la familia. Eso sí, debo ser

muy enfático en que demoraste en ver el cuadro completo y todo cuanto me acusaste ayer, es netamente tu responsabilidad, tu descuido, no el mío. Tu falta de valor hizo que no vieras el escenario que estaba dispuesto para alcanzar tu objetivo y orillaste sin consideración alguna a tu pareja a abandonarte con un bebe acuestas. Si hay un culpable en toda esta historia esa eres tú, Calixta.

—Asumí que no tendrías una familia convencional como hubiese sido mi deseo y a pesar de ello, te respaldé y me ocupé personalmente de darles las facilidades a Patricia para que pudiera ser madre tal como lo hizo patente esa vez que la encontré en la clínica preguntando los costos de una intervención de inseminación. Tú pareja no dudo un solo segundo en aceptar mis términos siendo muy joven aún, me demostró no solo valentía sino determinación para contigo, una lealtad a toda prueba.

—No puedo decir lo mismo de tu parte o la de tu amiga Pía, tampoco del resto de tus compañeras. Esa jovencita hizo lo que ha ustedes les ha faltado en todo este tiempo, los cojones para alcanzar su objetivo.

—Estoy consciente que son mujeres exitosas y empoderas en el mundo de los negocios, pero su vida sigue siendo una montaña rusa sin sentido. Pidieron vivir su estilo de vida en sus términos y tuvimos que acceder con dos condiciones de por medio, el valerse por sí mismas con lo mínimo y darnos un heredero.

—Lo primero, lo cumplieron cabalmente y no tenemos reclamo alguno en ese sentido. No obstante, en lo segundo es un total desastre de su parte porque no solo desperdiciaron años, sino que, además, les falta valentía y determinación.

—Todos nosotros estamos claros que estamos tratando con mujeres adultas ahora y no señoritas impetuosas, egoístas y caprichosas de aquellos días. Demostraron que son capaces de hacerle frente a los obstáculos, de tener éxito y luchar por mantenerse fieles a sus principios y ser leales entre todas ustedes. Lo único discordante en este asunto, es no haber comprendido que han tenido las herramientas, el escenario y personas a su alrededor con un alto compromiso hacia ustedes y simplemente por su porfía y tozudez es que han pasado por alto aquello y ha conllevado a un sufrimiento innecesario para sí mismas como lo ha sido para Patricia y Lucia.

—Además quiero hacerles ver, Sobre todo a ti hija mía; que nuestras acciones tienen consecuencias a largo plazo y que la demora en su reacción ha conllevado que su descendencia venga marcada por situaciones que no debían haber sucedido simplemente de estar a cargo de tu familia como correspondía y lo mismo sucede con Pía. Han expuesto irresponsablemente a sus hijos a situaciones complejas y a una verdad que puede ser dolorosa para todos ellos ¿acaso se han puesto en sus zapatos? ¿tienen una idea de lo que significa asumir brutalmente la historia de sus madres? ¿de todo el proceso que deberán pasar? No es solo un cambio de apellidos y fin de la historia, todos felices comiendo codornices.

—Aquí no es así, es todo un proceso que debe ser asimilado y tratado con ayuda de profesionales para todos los involucrados. Es tiempo y dedicación que deberán invertir en estar pendientes de ellos, estar conscientes de su parecer, tener una comunicación fluida, la misma que nos reprocharon a nosotros. Demuestren que pueden sus hijos confiar en ustedes de ahora en adelante y que esta situación les sirva de lección y ejemplo para las demás de lo que no deben hacer porque socavaran el caminar de otros y el precio a pagar es dantesco porque el tiempo no perdona, los hijos tampoco.

—Por último, está el tema de la herencia que le corresponde cada una de ustedes; sepan que todos nosotros hemos mantenido una promesa y compromiso con respecto a este tema y dado que casi todas, salvo Alexandra, son hijas únicas, se ha convenido en entregarle a cargo la administración de las empresas que han permanecido bajo nuestra potestad y el patrimonio financiero queda sujeto en tres cuartas partes a lo siguiente: dos quedan para su descendencia como fideicomiso y la tercera les pertenece plenamente ¿se entiende ahora el propósito de esta reunión? — terminó con su exposición de los hechos de parte de Francesco Bezanni. — o ¿creyeron que no hemos aprendido la lección también nosotros como sus padres?

Como suele decirse en jerga chilena, ni siquiera una mosca voló para no atreverse a meter ruido entre los presentes, dejando solo silencio y el albedrio del discursante solamente.

Y de pronto, se escuchó unos golpes a la puerta de esa sala de reuniones.

—¡Adelante! — dijo Francesco.

De inmediato entró la secretaria un poco turbada por sus facciones.

—¿Qué sucede Luisa? — preguntó una seca Calixta que detestaba las interrupciones. — Creí haber dicho que no deseaba ser molestada.

—Usted me disculpará señorita Calixta — mencionó una compungida empleada ante la mirada y las palabras de su jefa, tragando saliva ante todas esas miradas intimidantes. — La buscan a usted en la recepción.

—¿Quién? — inquirió la morena más contrariada todavía.

—No han dicho sus nombres — repuso Luisa. — El conserje no les ha permitido ingresar.

—Entonces le informa al conserje de no presentarse como es debido, puede despacharlos de inmediato — ordenó cortante Calixta. — No atenderé a ninguna persona que no demuestre educación como corresponde ¿lo entiende?

—Perfectamente Señorita Calixta. — acató la empleada. — con su permiso, me retiro.

—¡Vaya! — fue lo dicho por Bezanni.

¡Por lo visto! Es una regla de oro intransable para ellas y también en sus progenitores.

—No te desquites con la pobre de Luisa — aconsejó su padre. — hace su pega (trabajo) tal como se la ha pedido en todos estos años.

—Mis ordenes son claras e irrepetibles, padre — defendió Calixta con una mirada más intimidante. — No es una opción. Además, ella sabe que no es personal, es acatar y respetar una petición tal cual me enseñaste.

—Bueno, en ese sentido coincido contigo plenamente — respaldó éste.

Iban a continuar con la conversación cuando nuevamente, los golpes a la puerta.

—¿Pero qué rayos? — masculló cabreada Calixta.

—¡Cálmate! — ordenó Francesco que sujetó del brazo a su hija para impedirle que se levantase de su asiento y tomó a cargo el asunto. —¡Adelante!

En eso, volvió ingresar Luisa esta vez muy agitada y nerviosa a la vez.

—Don Francesco, siento tener que interrumpirles nuevamente, pero sucede que las jóvenes que estaban buscando a la señorita Calixta simplemente no respetaron al conserje e irrumpieron en mi oficina — explicó Luisa superada en el asunto. — Y no se van a mover hasta que las atiendan y no tienen pensado presentarse con ninguna persona que no sea su hija. Y la muchacha que está a cargo fue muy enfática en decir que le vale un reverendo comino la educación y se cerró a cualquier tipo de acuerdo por más que le expliqué las ordenes que debía cumplir de parte de la señorita Calixta. Ella no entiende razones y es tozuda e intransigente si me permite decirlo de ese modo. Dígame usted ¿qué debo hacer en este caso? ¿llamó a seguridad?

La sorpresa fue total tras oír la explicación de parte de una alterada empleada.

Por un lado, los progenitores estaban claramente conmocionado por la falta de educación de las desconocidas y por la parte de las dominantes, se miraban unas a otras para tratar de convencerse de que no podía ser…

«¡Imposible!» se cuestionó Calixta sacando cálculos tras lo dicho por su empleada, cuyo rostro denotaba preocupación inmediata.

«¿Será ella?» reflexionó de inmediato Martina.

«¡Ay, Dios!» se lamentó de una la rubia Calladrie rascando su frente.

«¡Aquí vamos de nuevo!» se convenció Catalina a sabiendas de…

«¡Está claro que son ellas y ese es su sello personal!» calculó para sus adentros Ariana.

«¿Qué comience el show!» espetó una asumida Alexandra rascando su mentón.

Y en eso…

—No será necesario Luisa — indicó Francesco observando a su hija a la vez— Tendremos que conocer a estas jóvenes personalmente. ¡Hágalas pasar por favor!

—¿Seguro Don Francesco? — cuestionó más nerviosa la empleada que veía el rostro de su jefa.

—¡Tranquila, Luisa! — aseguró éste sonriendo a la pobre mujer que estaba hecha un mar de nervios. —Esta vez mi hija no se opondrá. Yo la respaldaré en este asunto.

—En ese caso, cumpliré con sus órdenes de inmediato — dijo Luisa.

—¡Vaya! — instó Bezanni y viendo al resto. —De seguro será significativo este encuentro.

—¡Padre! — musito preocupada Calixta.

Solo una mano levantada, fue todo el freno de parte de su progenitor ante el intento de discutir de su hija.

Al poco rato se escuchó…

—Tengan la amabilidad de ingresar y presentarse ustedes mismas. — solicitó Luisa.

—Gracias — fue la respuesta generalizada de su contra parte.

Y en el acto ingresaron a dicha oficina, cuatro muchachas claramente que estaban en pie de guerra por sus expresiones faciales y corporales.

¡Ahí estaban! Todas…

Y al instante, todas (dominantes) sin excepción cerraron sus ojos al enfrentarse a las recién llegadas, gesto que no pasó desapercibido por sus padres.

Y…

—¡Señoritas! — interpeló Francesco Bezanni a las recién llegadas. — ¡Buenos días! ¿qué podemos hacer por ustedes?

De inmediato, la respuesta no se hizo esperar…

—De buenos no tienen nada — fue la aplastante respuesta de parte de nada menos que Laura. — Y menos para usted, señor.

Esto iniciaba…

—¿Sería? — confrontó serio Francesco, alzando su ceja en forma intimidante y retadora.

—¿Creen estúpidamente que les vamos a permitir que nos alejen nuevamente de nuestras madres? — siseó crudamente Laura.

—Están muy equivocados al pensar que nosotras no tenemos nada que decir al respecto — fue directo al callo de parte de Vanessa con una cara de malas pulgas.

—Esta vez le dejaremos bien claro a todos ustedes, que ellas no están solas y nos tienen a nosotras — espetó con enojo vivo Tania. — les aseguro que no van a salirse con la suya al igual que en el pasado.

—Se acabaron sus extorsiones y compinches en sus jueguitos — amenazó a dientes apretados Carlina cuyos ojos sacaban chispas. —Hemos tenido suficientes de personas como ustedes que se creen que por tener dinero pueden hacer lo que se les plazca. No tienen la menor idea lo que se siente que jueguen con nuestras emociones y necesidades.

—Nosotras nos ocuparemos de darle el cariño y el lugar que ustedes fueron incapaces de cumplir como padres — enrostró ácida Laura que había dado unos pasos en dirección de aquel hombre. —Imponen valores que son incapaces de cumplir y se llenan la boca del respeto cuando se lo faltan a su propia sangre ¿qué clase de padres son? ¿pedirle un hijo a cambio de una estúpida herencia?

—¿Eso es lo que valen nuestras madres para ustedes? — recriminó Vanessa con saña. —¡Un billetito por ahí! ¿dónde han estado todo este tiempo? ¿saben acaso lo que ellas sienten? ¿lo que necesitan verdaderamente? ¿conocen siquiera la palabra amor?

—¿Les avergüenza su estilo de vida? — prosiguió intratable Laura que se puso frente a la cara de aquel moreno. — Porque si ellas eligieron ese camino es debido a ustedes mismos. Son el reflejo de lo que ustedes les inculcaron, sus exigencias son el resultado de su forma de vivir. No se quejen ahora. No tienen derecho alguno a reprocharles nada, cuando nada de afectos les dieron. En cambio, nosotras, estamos dispuestas a entregarle ese cariño a manos llena y lo hacemos por todo lo que son, lo que significan y no por lo que puedan tener. ¡Ellas no son negociable carajo!

Al instante se oyó…

—¡Suficiente corazón mío! — intervino Calixta detrás de su hija y abrazándola con todo su ser y apartarla de encima de su padre.

A su vez…

—¡Mi hermoso tesoro! — solicitó la rubia Calladrie conteniendo a Vanessa. —¡Basta!

y…

—¡No más! — fue lo dicho de parte de Catalina que sostuvo en sus brazos a Carlina que estaba enardecida. — Tú eres más preciosa y valiosa que el enojo y el dolor.

—¡Se acabó! — susurró en comprensión Ariana que contuvo a Tania en esta oportunidad. — Todas ustedes han demostrado su punto de vista y opinión.

—Su lealtad y entrega ha quedado demostrado a cabalidad — manifestó Alexandra viendo directo a su padre.

—Esto es lo que nosotras llamamos familia, padre — señaló seria Martina y entregando la fotografía. — De eso están hechas todas ellas, son leales a morir y se protegen con todo lo que tienen, resguardan con celo lo que consideran valioso e intransable para sus vidas. Del mismo modo, nosotras resguardaremos este vínculo que hemos formado y personalmente quiero que sepas que he tomado mi propio camino y decisión, no es negociable ahora.

El hombre no respondió a lo dicho por su hija, por el contrario, guardó silencio para terminar de sopesar lo dicho y lo sucedido también. Al cabo de unos momentos, solo sonrió nada más.

—¡Bueno, Bueno! — habló Francesco Bezanni que se levantó de su silla para estar a la altura de…— Sin duda, ha sido un encuentro significativo y nos deja a todos claro que son tal como imaginábamos que podrían ser, son la prueba de que no me equivoqué cuando accedí en ayudar a Patricia y Lucia. Solo lamento no haber sido participe activo en sus vidas. No obstante, estoy consciente de que también tengo responsabilidad en esas espinas que tienen ambas en su corazón debido a sus vivencias y me ocuparé personalmente de pedirle cuentas a cierto personaje. Por lo tanto, hija mía, tú y yo haremos un viaje al sur muy pronto. No es una opción, es un deber, Calixta.

—No te quepa la menor duda que lo haremos — aseguró la morena sosteniendo a su hija y confortarla del modo en que ha aprendido, ser su mantita personal.

—¡Perfecto! — dijo Francesco y viendo a los demás. — Es su turno señores en pronunciarse.

Con el vamos del hombre más influyente, los otros decidieron concluir a la que habían venido.

—Antes de que fuésemos interrumpidos — Habló Evaristo viendo a sus dos nietas en cuestión. — Aclaramos a ustedes, que no hemos venido en son de arrebatarles a sus madres como tampoco hacerles una encerrona a las demás. Nuestro único propósito fue saber acerca de sus planes actuales y les dejamos una opción que solo dependerá de todas ustedes, que, además, estoy seguro de que se ajusta a lo que ya tienen. De mi parte, les solicito que más adelante y cuando haya pasado todo el coraje, nos podamos reunir Pía junto a mis hermosas y valientes nietas, como también deseo que esté presente Álvaro.

—Me comprometo a ello — accedió la rubia confortando a su hija que daba signos todavía de estar brava.

—Con respecto a ti, Alexandra — fue el turno de su padre Rafael de hablar. — Esperaré tu informe y veremos el destino del hotel juntos. Será un placer que lleves a tu compañera también. Me avisas cuando tengas todo listo.

—Te llamaré en su momento — repuso Alex sonriendo por primera vez a su progenitor.

—Respondiendo a tus dichos, Martina — mencionó Peter más relajado y sonriente. — Hace mucho que no es negociable tu decisión y eso se lo debo a mi amigo Francesco aquí presente. La experiencia de los años nos aporta cosas valiosas, hija mía y tengo claro que tú ya tienes tus objetivos muy claros. Un consejo eso sí.

—Dime — apremió la pelirroja.

—Pon todo de ti para conquistar a esa fierecilla, de lo contrario no sabrás que te golpeó — repuso Peter viendo en dirección de cierta joven. — Se nota que es un hueso duro de roer, si la pierdes, te lamentarás.

—Estoy muy consciente de ello, padre — afirmó Martina con cariño a su pareja. — Te prometo que tendré en cuenta tu consejo.

—¡Bien! — dijo su padre.

—Catalina — llamó Maximiliano.

—Padre — contestó la dominante sin soltar a su ahijada que todavía estaba bajo el efecto del enojo.

—Suerte con Paula — refirió su padre viéndola sereno. — aunque te confieso que delante de ti, está una mujer muy prometedora y valiosa. No he visto a nadie como ella en mucho tiempo. Pero, es tu elección, hija mía.

—Aprecio tus palabras, padre (considerando lo primero que fue dicho) — señaló Catalina frunciendo el ceño ante lo que prosiguió de parte de su progenitor.

—Espero verte pronto en casa, ya que tu madre es muy intratable cuando se trata de ti — admitió Maximiliano.

—Me haré un tiempo para visitarlos — accedió Cata aún reflexionando en esas palabras.

Y…

—Tienes un arduo camino hija mía — fue el turno en pronunciarse de Leopoldo viendo a su prole. — No dejes pasar más el tiempo. Estoy seguro de que serás una excelente madre al igual que Calixta y Pía. Sin ofender a las demás, ellas son los únicos referentes por el momento (viéndolas a las otras presentes)

—No lo haré — repuso Ariana con una Tania que al igual que las demás chicas, estaba bajo el encono. — Aunque todavía no la conozco personalmente y solo ahora, sé de quién trata. No obstante, iré con todo.

—Esperemos que todo te salga como tú desees — asumió Leopoldo en un suspiro y viendo a... — Aunque soy de la misma opinión que Max, Hay mujeres muy valiosas en esta sala y podrían ser una excelente opción (viendo en dirección de la rubia Calladrie)

—Ella es mi ahijada, padre — aclaró al instante Ariana que vio en la dirección que veía su progenitor. — Y por lo demás, es muy menor.

—Eso no detuvo a tus otras dos compañeras ¿no es así? — enfatizó su padre con esa mirada peculiar de los Banzer.

—No lo creo en mi caso personal — se apresuró en defender Ariana algo avergonzada de los dichos de su padre. — Ya tengo en qué ocuparme y es suficiente.

—El tiempo lo dirá, pequeña mía — no insistió su padre, aunque mantuvo la mirada en esos ojos azules de la menor de las Calladrie. —La vida se encarga de ponernos más de un camino. No lo olvides.

—Lo tendré presente — concilió Ariana sopesando cosas y sacudió su cabeza para espantar ideas irracionales para ella. — Como dije antes ya tengo en qué ocuparme.

—Tú madre es el claro ejemplo de mi consejo y he sido afortunado de que ello ocurriese — develó Leopoldo Banzer viendo a su hija. — Solo procura no dejar pasar más el tiempo.

—No lo haré — comprometió Ariana y cerrando el tema.

De seguro que esta reunión había sido todo, menos suave y delicada, se dijeron cosas profundas y guardadas desde hace mucho tiempo como también manifestó la postura de la generación más joven de esta familia. Haciendo un balance general estaba claro que había una gran ganancia, reafirmaron lazos, obtuvieron más de lo que hubiesen imaginado o esperado en el caso de las dominantes y por la contra parte al fin habían limado asperezas con sus descendientes y se abrió una puerta al diálogo que se percibía auspicioso para el futuro. Una conversación sin igual al y al cabo.


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