Polos opuestos
Capítulo 37, Una
conversación pendiente.
Como de costumbre, la jornada inició muy temprano por la mañana y aunque
los cielos se mantenían cargados de agua, rociando con una lluvia intensa acompañada
con vientos que ya habían causado estragos en todo el litoral costero y parte
de la zona interior de la región. No obstante, la vida no se detenía con las
inclemencias del tiempo ya que estaba en temporada invernal y de esperarse a
pesar de la sequía de quince años. Hoy, se volvía a retomar la época de lluvias
como correspondía.
Y en las cercanías del borde costero a la altura de Reñaca,
en casa de Bezanni y a eso de las siete en punto.
—Tendremos que irnos en dos vehículos — expuso Catalina
mientras terminaba de desayunar. —es aconsejable que Luis y Héctor releven a
Sebastián y Samuel que les ha tocado conducir bastante estos dos días.
—Estamos de acuerdo en ello — convino Pía mientras tomaba su café— Además, José llegó recién a noche desde Totoralillo.
—Fue un viaje bastante complejo para mi chofer — coincidió
Martina bebiendo también su café. — y debió hacer varias paradas a lo largo del
camino por la lluvia. No puedo exponerlo a conducir nuevamente con el cansancio
de un viaje largo.
—El problema que veo ahora es que nuestros vehículos diplomáticos
son un poco bajos para el nivel de agua que debe haber en las calles — expuso
Ariana entre bocados.
—Coincido contigo, Ari — secundó Pía limpiando sus labios
después de finalizar su café. — Lastimosamente deje mi jeep en casa.
—Estoy pensando que debemos replantearnos cambiar de
vehículos ahora que nuestra familia creció — refirió Cata. — se han hecho
pequeños.
—Tal vez deberíamos optar por comprar una Vans de pasajeros
para toda la familia — mencionó Alexandra bebiendo su jugo. — y de paso
aprovecharé para ver un coche para mí. Mi situación también ha cambiado, ya no
podré andar en motocicleta solamente.
—Te ayudaré con eso, Alex querida — comprometió Calladrie. —
y en cuanto a lo otro, no soy muy partidaria de una Vans, prefiero una Suv
antes que eso.
—¿Y tú qué opinas Cali? — emplazó Catalina que había
observado lo silenciosa que se mantuvo la morena.
—Estoy de acuerdo con Pía, no es una opción viable — se pronunció
Bezanni. — Son muy espaciosas y de poco agarré en el pavimento con las lluvias.
Además, tú, Ari y Martina tienen casas en plena naturaleza, lo que lo hace
inviable. Convengo con lo de renovar un modelo de auto por un todoterreno. Y anticipándome
a un escenario como este, es que hace un mes adquirí un Suv Ford expedition que
tengo guardado en la cochera con la finalidad de usarlo con mis avecillas. Hoy
será la ocasión de estrenarlo.
—Siempre yendo dos pasos por delante, preciosa — elogió
Catalina a sabiendas lo dada que era de planificar con antelación Bezanni.
—Está claro entonces en que nos iremos en la Ford — sentenció
Ariana dándole un último sorbo a su café. — la pregunta es ¿cuál chofer?
—Opto por Héctor — enfatizó Calixta terminando desayunar de
igual modo. — ¿están de acuerdo?
—Si — fue el respaldo unánime de todas las demás dominantes.
—¡Vayamos entonces! — demandó Bezanni levantándose de su
asiento. — entre más pronto salgamos de esto, mejor será para todas nosotras ya
que deseo pasar el día con mis hijas, se los prometí y pienso cumplirlo.
—Lo entendemos, cariño — respaldo Ariana consciente de lo
expresado anoche por su amiga.
—¿Crees que haya una posibilidad que Carlina nos preparé
unos panes dulces hoy? — inquirió ilusionada Catalina. —El día se presta para
eso ¿no te parece Cali?
—No pierdes tu tiempo Minard — amonestó con cariño Calixta
con una sonrisa cómplice. —Se lo planteé a mi pichón anoche y me respondió que
sí.
—¡Excelente! — alabó complacida Cata con una sonrisa
dantesca. — Y me conoces a la perfección, encanto.
Entre la conversación, llegaron al recibidor dónde se
encontraba Inés y Héctor en espera de recibir instrucciones.
—Por favor Inés, ocúpese de atenderlos en una hora más — solicitó
Calixta. — y pídale a Pri que revise nuevamente a Carlina y cualquier novedad
que surja me llaman de inmediato al privado.
—Como usted ordene señorita Calixta — repuso la empleada.
—¡Buenos días, Héctor! — Saludó Bezanni entregando un objeto
en particular. — Aquí tiene la llave del Ford que en está en la cochera dos,
por favor vaya a buscarlo.
—¡Buenos días, señorita! — correspondió el saludo el chofer.
—De inmediato.
Al cabo de unos instantes de espera, un Ford expedition azul
metálico se aparcaba en la entrada principal y subían a su interior aquel grupo
de mujeres.
—¿Dónde señorita Calixta? — preguntó el chofer.
—A las torres del coracero — respondió Bezanni.
—Bien — acató el chofer.
De este modo el
vehículo abandonó la propiedad para irse con rumbo al centro de Viña del mar, también
en el borde costero en medio de un aguacero de proporciones. Resultaría ser un
viaje complejo por inundaciones (desvíos) y un oleaje muy pronunciado que rompía
con todo a lo largo de la arteria principal del balneario que abarcaba Avenida
Borgoño, Jorge Montt y finalizaba como José de San Martin.
Y en…
7:30 en
punto…
—¡Buenos días, Luisa! — Saludaron a la empleada.
—¡Buenos días, señor Bezanni! — saludó la mujer. — Hace
mucho que no nos visitaba ¿puedo ayudarlo en algo?
—Bastante tiempo diría yo — aseveró Francesco Bezanni. — Más
es el tiempo que le pertenece a mi hija en dirigir esta empresa. Hay que darle
paso a la juventud y renovar con nuevas ideas. Espero que esté a la altura de
lo que se espera de ella.
—La señorita Calixta es una excelente jefa — mencionó Luisa
a su antiguo empleador. — Muy exigente con su personal y con los inversores es implacable.
—Es como tiene que ser Luisa — aseguró Francesco. — en el mundo
de los negocios se necesita disciplina, ambición, constancia y carácter. No es
para irresponsables y Calixta lo sabe de sobra.
—Sin duda que ella lo tiene presente — convino la empleada. —
Es su hija.
—Ella es una Bezanni por encima de todo — replicó Francesco.
— Luisa necesito que habiliten la sala de reuniones para doce personas. Que
llegaran en cosa de unos minutos más. Equípenla con todo lo necesario por
favor.
—De inmediato — acató la mujer. — ¿el café de siempre?
—Por supuesto — repuso el padre de Calixta.
Con la llegada de Francesco Bezanni en las inmediaciones de
la inmobiliaria, también llegaban los demás empleados a cumplir con su jornada.
Tener al progenitor de la dominante significaba una tensión mayor entre los
empleados, el hombre se caracterizaba por ser implacable e intratable al igual
que su hija.
Se notaba que sería un día intenso y decidor en varios
aspectos para la vida de muchos involucrados.
Y hablando de…
—Ella se ha marchado ya — musito una muchacha que estaba viendo
a otra.
—¿Crees que es prudente hacerlo? — preguntó la joven.
—Si no lo hacemos, las volverán a separar — expuso su contra
parte. —No podemos exponer a mamá a otro sufrimiento.
—De acuerdo — aceptó la muchacha. — pongámonos en marcha
entonces.
—Hablaré con Sebastián ¿te parece? — señaló la otra.
—Hazlo — indicó la menor. — Buscaré otra chaqueta y no
correr riesgos.
—Bien — respaldaron.
Después de unos minutos, se reunían en la entrada principal.
—¿Piensan dejarnos aquí? — fue la increpación de otra
persona.
Al voltearse a ver…
—Estaba segura de que también estaban a la espera de que
ellas se fueran — aseguró la mayor viendo a las otras dos.
—Somos tan predecibles como ustedes dos — refutó una pícara
muchacha. — pero es hora de arriesgar y proteger a nuestra familia.
—Es la idea, Sol — secundó complacida la otra menor.
—No olvides que tenemos una conversación pendiente tú y yo —
resaltó nada menos que Van.
—Lo haremos — asumió Carlina.
—¡Andando chicas! — ordenó Tania a su vez.
Con la complicidad del empleado, salieron en total silencio
de la propiedad y resguardados por el ruido de la lluvia subieron a bordo del
coche.
—¿A dónde señoritas? — preguntó el chofer.
—Sebastián, no estoy muy segura de haber oído bien, pero
creo algo así como el coracero — señaló Laura que iba de copiloto.
—Comprendo. Ustedes desean ir a la inmobiliaria — mencionó el
chofer sopesando las cosas e indicó. — Tomaremos un desvío para evitar el
oleaje y la inundación.
—De acuerdo, Sebastián — apoyó Laura concentrándose en el
camino para ayudar de ser necesario por la visibilidad.
«Se nota que tiene la misma determinación que la señorita Calixta, por
algo es su hija» sopesó Sebastián mientras conducía por eso aguacero.
Mientras ellos se abrían paso por en las calles, otro vehículo llegaba a
las inmediaciones del condominio de las torres a eso de las 8:30. Momentos más
tarde…
—¡Buenos días, Luisa! — saludó Calixta junto a los demás
miembros de su familia.
—¡Buenos días, señorita Calixta! — saludó la empleada viendo
a todas y recordó lo dicho por su anterior jefe. — Las están esperando en la
sala principal.
—Gracias, Luisa — dijo Bezanni. — No deseo ser interrumpida,
cuando finalicemos esta reunión, ten a mano los informes que solicité.
—Lo tendrá en su escritorio, señorita Calixta — contestó su
secretaria y mano derecha. —¿algo más que requiera?
—No por el momento — repuso Bezanni. — Continue con su trabajo.
De su parte no hubo respuesta porque era un hecho que debía
hacerse tal cuál solicitó su jefa. Consciente a cabalidad de lo intransigente
que es su superior.
—Es hora de terminar con todo esto — murmuró seria Calixta
viendo a las demás.
Un asentimiento de cabeza fue toda la respuesta que se
requería y juntas se encaminaron hacia el elevador que los llevaría al otro
piso en que se hallaba una oficina especial para cuestiones de índole mayor y
privado.
Al ingresar a dicho lugar fueron recibidas por seis hombres
muy conocidos por todas ellas.
—¡Buenos días! — fue el saludo gélido de parte Calixta. —pensé
que sería una reunión solo contigo, padre.
—¡Buenos días todas ustedes! — correspondió al protocoló
Francesco Bezanni e indicando con su mano. —Tomen asiento como corresponde, ya
que no iniciaremos ninguna plática con ustedes de pie ¿se entiende?
—Perfectamente, señor Bezanni — repuso su hija.
—¿Se les ha olvidado cómo saludar a las demás? — recriminó
Evaristo Calladrie.
—¡Buen día, padre! — saludó Pía tomando su lugar. —No se nos
ha olvidado la educación, pero no los esperábamos a decir verdad tal como
mencionó Calixta.
Y antes que se intensificará el asunto, las demás
procedieron a…
—¡Buenos días! — saludaron las otras restan dominantes.
—¡Buen día! — de igual forma saludaron Leopoldo, Maximiliano,
Robert y Rafael.
Al siguiente segundo, Francesco Bezanni tomó las riendas de
la conversación.
—¿Han desayunado? — preguntó el padre de Calixta.
—Lo hemos hecho — repuso su hija seca.
—De acuerdo — no se inmutó en decir Francesco. — ¡Vayamos al
grano entonces!
Tomando de su portafolio algunos objetos que fue dejando
sobre la mesa en frente de cada una de las seis mujeres.
—Como verán nosotros tenemos un acuerdo el que pactamos ya
hace unos años — inició el dialogó Bezanni retomando su lugar. — y en vista que
han demorado en llevar a cabo con su cometido, es que nos vemos obligados a
buscar una nueva alternativa.
—¿De qué estás hablando padre? — cuestionó Calixta de
inmediato.
—No interrumpas, hija mía — amonestó sin contemplación
Francesco.
No hubo replica a su orden, pero sí una mirada cargada de
todo, menos aceptación.
—Frente a ustedes está la última de sus oportunidades —
planteó indolente Bezanni, — Cómo pueden comprobar, estas son las candidatas
para que puedan conseguir su objetivo de una vez por todas.
No fueron las palabras de parte del padre de Calixta sino
con lo que encontraron frente a sus ojos, que las dejo perplejas y descolocadas
a la vez.
—¿Es una broma? — refutó Alexandra viendo la fotografía de la
candidata en cuestión.
—Por supuesto que no lo es — fue el turno de Rafael Mirelles
viéndola seriamente. — No hemos venido hasta aquí para tomarles el pelo a
ninguna de ustedes. Yo no me prestaría para ese tipo de cosas y lo sabes muy
bien Alexandra. Estoy muy consciente que lo tuyo no era tener familia y a estas
alturas ya había perdido la esperanza que pudieras siquiera planteártelo. No
obstante, esto abre un nuevo escenario y dependerá solo de ti, concretarlo.
—Por mucho tiempo llegue a detestar el concepto de familia
que intentabas imponerme — reveló Alexandra viendo con intensidad a su padre. —
Nunca tuve una muestra tuya que indicará que verdaderamente querías mi felicidad
porque siempre has sido un hombre muy cuadrado y estereotipado en dogmas convencionales
y arcaicos. No tenía interés alguno en seguir ese camino.
—Siempre estuve consciente que eras distinta de mis otros
hijos — señaló Rafael bebiendo un café. — y me empeñé por mucho tiempo en
enderezar tu camino y que la familia fuese importante para ti. Lastimosamente
me equivoqué y lo asumí con los años con ayuda de tu madre y de Francesco aquí
presente. Aprendí a verte desde otra mirada y asumir que no hay mucha
diferencia entre tu estilo y mi método de vida. Queremos algo en común, pero
discrepamos de la forma ¿no es así Alexandra?
—Lo es — afirmó Alex sopesando este nuevo escenario y siendo
por primera vez sincera frente a su padre. — La familia significa todo para mí
y esto solo lo encontré al lado de estas cinco mujeres, que se convirtieron en
eso. En dónde hallé respeto, lealtad, apoyo y sinceridad. El tiempo demostró
que el vínculo que forjamos todas nosotras es fuerte y potente e incluso me
atrevería en decir que es más leal y comprometido del que se crea con un lazo
sanguíneo.
—Es cuestión de puntos de vistas que pueden estar en
oposición, ciertamente. Lo que cuenta es el trasfondo real al que deseamos
llegar — preciso Rafael. — y el motivo de esta reunión.
—La familia — intervino Francesco jugando con su mano sobre
su nariz, acto típico de quién sopesa las cosas. —Si bien se les dio un plazo
razonable para concretar tener un heredero han desperdiciado sus buenos años y
el tiempo es un bien irreversible. No pretendo adornarles el escenario
nuevamente porque cada una sabe lo que está en juego acá. Por este motivo es
que las echó venir, para zanjar de una vez por todas este pendiente y llegar a
un acuerdo definitivo.
—¿Y esta es tu proposición? —preguntó Calixta a su padre mostrando la
fotografía. —Creo que has llegado tarde, ella ya se encuentra conmigo al igual
que mis hijas. Y es un tema que deseo hablar en privado.
—Está reunión no trata de tu situación o la de Pía, sino que
atañe directamente a las demás, tu familia como sueles llamarle — corrigió de
inmediato Francesco— deberías haberlo previsto Calixta, tú eras el medio para
traerlas acá.
—¡Ya veo! — exclamó con molestia Calixta. — Solo me usaste
para llegar a ellas.
—¡Exactamente! — respondió sin miramientos su padre. —Como
mencioné, ustedes ya tienen resuelto lo de la familia. Eso sí, debo ser
muy enfático en que demoraste en ver el cuadro completo y
todo cuanto me acusaste ayer, es netamente tu responsabilidad, tu descuido, no
el mío. Tu falta de valor hizo que no vieras el escenario que estaba dispuesto
para alcanzar tu objetivo y orillaste sin consideración alguna a tu pareja a
abandonarte con un bebe acuestas. Si hay un culpable en toda esta historia esa
eres tú, Calixta.
—Asumí que no tendrías una familia convencional como hubiese
sido mi deseo y a pesar de ello, te respaldé y me ocupé personalmente de darles
las facilidades a Patricia para que pudiera ser madre tal como lo hizo patente
esa vez que la encontré en la clínica preguntando los costos de una
intervención de inseminación. Tú pareja no dudo un solo segundo en aceptar mis
términos siendo muy joven aún, me demostró no solo valentía sino determinación
para contigo, una lealtad a toda prueba.
—No puedo decir lo mismo de tu parte o la de tu amiga Pía,
tampoco del resto de tus compañeras. Esa jovencita hizo lo que ha ustedes les
ha faltado en todo este tiempo, los cojones para alcanzar su objetivo.
—Estoy consciente que son mujeres exitosas y empoderas en el
mundo de los negocios, pero su vida sigue siendo una montaña rusa sin sentido.
Pidieron vivir su estilo de vida en sus términos y tuvimos que acceder con dos condiciones
de por medio, el valerse por sí mismas con lo mínimo y darnos un heredero.
—Lo primero, lo cumplieron cabalmente y no tenemos reclamo
alguno en ese sentido. No obstante, en lo segundo es un total desastre de su
parte porque no solo desperdiciaron años, sino que, además, les falta valentía
y determinación.
—Todos nosotros estamos claros que estamos tratando con
mujeres adultas ahora y no señoritas impetuosas, egoístas y caprichosas de
aquellos días. Demostraron que son capaces de hacerle frente a los obstáculos,
de tener éxito y luchar por mantenerse fieles a sus principios y ser leales
entre todas ustedes. Lo único discordante en este asunto, es no haber
comprendido que han tenido las herramientas, el escenario y personas a su
alrededor con un alto compromiso hacia ustedes y simplemente por su porfía y
tozudez es que han pasado por alto aquello y ha conllevado a un sufrimiento
innecesario para sí mismas como lo ha sido para Patricia y Lucia.
—Además quiero hacerles ver, Sobre todo a ti hija mía; que
nuestras acciones tienen consecuencias a largo plazo y que la demora en su
reacción ha conllevado que su descendencia venga marcada por situaciones que no
debían haber sucedido simplemente de estar a cargo de tu familia como
correspondía y lo mismo sucede con Pía. Han expuesto irresponsablemente a sus
hijos a situaciones complejas y a una verdad que puede ser dolorosa para todos
ellos ¿acaso se han puesto en sus zapatos? ¿tienen una idea de lo que significa
asumir brutalmente la historia de sus madres? ¿de todo el proceso que deberán
pasar? No es solo un cambio de apellidos y fin de la historia, todos felices
comiendo codornices.
—Aquí no es así, es todo un proceso que debe ser asimilado y
tratado con ayuda de profesionales para todos los involucrados. Es tiempo y
dedicación que deberán invertir en estar pendientes de ellos, estar conscientes
de su parecer, tener una comunicación fluida, la misma que nos reprocharon a
nosotros. Demuestren que pueden sus hijos confiar en ustedes de ahora en
adelante y que esta situación les sirva de lección y ejemplo para las demás de
lo que no deben hacer porque socavaran el caminar de otros y el precio a pagar
es dantesco porque el tiempo no perdona, los hijos tampoco.
—Por último, está el tema de la herencia que le corresponde
cada una de ustedes; sepan que todos nosotros hemos mantenido una promesa y
compromiso con respecto a este tema y dado que casi todas, salvo Alexandra, son
hijas únicas, se ha convenido en entregarle a cargo la administración de las
empresas que han permanecido bajo nuestra potestad y el patrimonio financiero
queda sujeto en tres cuartas partes a lo siguiente: dos quedan para su
descendencia como fideicomiso y la tercera les pertenece plenamente ¿se
entiende ahora el propósito de esta reunión? — terminó con su exposición de los
hechos de parte de Francesco Bezanni. — o ¿creyeron que no hemos aprendido la
lección también nosotros como sus padres?
Como suele decirse en jerga chilena, ni siquiera una mosca
voló para no atreverse a meter ruido entre los presentes, dejando solo silencio
y el albedrio del discursante solamente.
Y de pronto, se escuchó unos golpes a la puerta de esa sala
de reuniones.
—¡Adelante! — dijo Francesco.
De inmediato entró la secretaria un poco turbada por sus
facciones.
—¿Qué sucede Luisa? — preguntó una seca Calixta que
detestaba las interrupciones. — Creí haber dicho que no deseaba ser molestada.
—Usted me disculpará señorita Calixta — mencionó una
compungida empleada ante la mirada y las palabras de su jefa, tragando saliva
ante todas esas miradas intimidantes. — La buscan a usted en la recepción.
—¿Quién? — inquirió la morena más contrariada todavía.
—No han dicho sus nombres — repuso Luisa. — El conserje no
les ha permitido ingresar.
—Entonces le informa al conserje de no presentarse como es
debido, puede despacharlos de inmediato — ordenó cortante Calixta. — No
atenderé a ninguna persona que no demuestre educación como corresponde ¿lo
entiende?
—Perfectamente Señorita Calixta. — acató la empleada. — con
su permiso, me retiro.
—¡Vaya! — fue lo dicho por Bezanni.
¡Por lo visto! Es una regla de oro intransable para ellas y
también en sus progenitores.
—No te desquites con la pobre de Luisa — aconsejó su padre.
— hace su pega (trabajo) tal como se la ha pedido en todos estos años.
—Mis ordenes son claras e irrepetibles, padre — defendió
Calixta con una mirada más intimidante. — No es una opción. Además, ella sabe
que no es personal, es acatar y respetar una petición tal cual me enseñaste.
—Bueno, en ese sentido coincido contigo plenamente — respaldó
éste.
Iban a continuar con la conversación cuando nuevamente, los
golpes a la puerta.
—¿Pero qué rayos? — masculló cabreada Calixta.
—¡Cálmate! — ordenó Francesco que sujetó del brazo a su hija
para impedirle que se levantase de su asiento y tomó a cargo el asunto. —¡Adelante!
En eso, volvió ingresar Luisa esta vez muy agitada y
nerviosa a la vez.
—Don Francesco, siento tener que interrumpirles nuevamente,
pero sucede que las jóvenes que estaban buscando a la señorita Calixta simplemente
no respetaron al conserje e irrumpieron en mi oficina — explicó Luisa superada
en el asunto. — Y no se van a mover hasta que las atiendan y no tienen pensado
presentarse con ninguna persona que no sea su hija. Y la muchacha que está a
cargo fue muy enfática en decir que le vale un reverendo comino la educación y
se cerró a cualquier tipo de acuerdo por más que le expliqué las ordenes que debía
cumplir de parte de la señorita Calixta. Ella no entiende razones y es tozuda e
intransigente si me permite decirlo de ese modo. Dígame usted ¿qué debo hacer
en este caso? ¿llamó a seguridad?
La sorpresa fue total tras oír la explicación de parte de
una alterada empleada.
Por un lado, los progenitores estaban claramente
conmocionado por la falta de educación de las desconocidas y por la parte de
las dominantes, se miraban unas a otras para tratar de convencerse de que no
podía ser…
«¡Imposible!» se cuestionó Calixta sacando cálculos tras lo dicho por su
empleada, cuyo rostro denotaba preocupación inmediata.
«¿Será ella?» reflexionó de inmediato Martina.
«¡Ay, Dios!» se lamentó de una la rubia Calladrie rascando su frente.
«¡Aquí vamos de nuevo!» se convenció Catalina a sabiendas de…
«¡Está claro que son ellas y ese es su sello personal!» calculó para sus
adentros Ariana.
«¿Qué comience el show!» espetó una asumida Alexandra rascando su
mentón.
Y en eso…
—No será necesario Luisa — indicó Francesco observando a su
hija a la vez— Tendremos que conocer a estas jóvenes personalmente. ¡Hágalas
pasar por favor!
—¿Seguro Don Francesco? — cuestionó más nerviosa la empleada
que veía el rostro de su jefa.
—¡Tranquila, Luisa! — aseguró éste sonriendo a la pobre
mujer que estaba hecha un mar de nervios. —Esta vez mi hija no se opondrá. Yo
la respaldaré en este asunto.
—En ese caso, cumpliré con sus órdenes de inmediato — dijo
Luisa.
—¡Vaya! — instó Bezanni y viendo al resto. —De seguro será
significativo este encuentro.
—¡Padre! — musito preocupada Calixta.
Solo una mano levantada, fue todo el freno de parte de su
progenitor ante el intento de discutir de su hija.
Al poco rato se escuchó…
—Tengan la amabilidad de ingresar y presentarse ustedes
mismas. — solicitó Luisa.
—Gracias — fue la respuesta generalizada de su contra parte.
Y en el acto ingresaron a dicha oficina, cuatro muchachas claramente
que estaban en pie de guerra por sus expresiones faciales y corporales.
¡Ahí estaban! Todas…
Y al instante, todas (dominantes) sin excepción cerraron sus
ojos al enfrentarse a las recién llegadas, gesto que no pasó desapercibido por
sus padres.
Y…
—¡Señoritas! — interpeló Francesco Bezanni a las recién
llegadas. — ¡Buenos días! ¿qué podemos hacer por ustedes?
De inmediato, la respuesta no se hizo esperar…
—De buenos no tienen nada — fue la aplastante respuesta de
parte de nada menos que Laura. — Y menos para usted, señor.
Esto iniciaba…
—¿Sería? — confrontó serio Francesco, alzando su ceja en
forma intimidante y retadora.
—¿Creen estúpidamente que les vamos a permitir que nos
alejen nuevamente de nuestras madres? — siseó crudamente Laura.
—Están muy equivocados al pensar que nosotras no tenemos
nada que decir al respecto — fue directo al callo de parte de Vanessa con una
cara de malas pulgas.
—Esta vez le dejaremos bien claro a todos ustedes, que ellas
no están solas y nos tienen a nosotras — espetó con enojo vivo Tania. — les
aseguro que no van a salirse con la suya al igual que en el pasado.
—Se acabaron sus extorsiones y compinches en sus jueguitos —
amenazó a dientes apretados Carlina cuyos ojos sacaban chispas. —Hemos tenido
suficientes de personas como ustedes que se creen que por tener dinero pueden
hacer lo que se les plazca. No tienen la menor idea lo que se siente que
jueguen con nuestras emociones y necesidades.
—Nosotras nos ocuparemos de darle el cariño y el lugar que
ustedes fueron incapaces de cumplir como padres — enrostró ácida Laura que
había dado unos pasos en dirección de aquel hombre. —Imponen valores que son
incapaces de cumplir y se llenan la boca del respeto cuando se lo faltan a su
propia sangre ¿qué clase de padres son? ¿pedirle un hijo a cambio de una estúpida
herencia?
—¿Eso es lo que valen nuestras madres para ustedes? — recriminó
Vanessa con saña. —¡Un billetito por ahí! ¿dónde han estado todo este tiempo?
¿saben acaso lo que ellas sienten? ¿lo que necesitan verdaderamente? ¿conocen
siquiera la palabra amor?
—¿Les avergüenza su estilo de vida? — prosiguió intratable
Laura que se puso frente a la cara de aquel moreno. — Porque si ellas eligieron
ese camino es debido a ustedes mismos. Son el reflejo de lo que ustedes les
inculcaron, sus exigencias son el resultado de su forma de vivir. No se quejen
ahora. No tienen derecho alguno a reprocharles nada, cuando nada de afectos les
dieron. En cambio, nosotras, estamos dispuestas a entregarle ese cariño a manos
llena y lo hacemos por todo lo que son, lo que significan y no por lo que puedan
tener. ¡Ellas no son negociable carajo!
Al instante se oyó…
—¡Suficiente corazón mío! — intervino Calixta detrás de su
hija y abrazándola con todo su ser y apartarla de encima de su padre.
A su vez…
—¡Mi hermoso tesoro! — solicitó la rubia Calladrie conteniendo
a Vanessa. —¡Basta!
y…
—¡No más! — fue lo dicho de parte de Catalina que sostuvo en
sus brazos a Carlina que estaba enardecida. — Tú eres más preciosa y valiosa
que el enojo y el dolor.
—¡Se acabó! — susurró en comprensión Ariana que contuvo a
Tania en esta oportunidad. — Todas ustedes han demostrado su punto de vista y
opinión.
—Su lealtad y entrega ha quedado demostrado a cabalidad —
manifestó Alexandra viendo directo a su padre.
—Esto es lo que nosotras llamamos familia, padre — señaló seria
Martina y entregando la fotografía. — De eso están hechas todas ellas, son
leales a morir y se protegen con todo lo que tienen, resguardan con celo lo que
consideran valioso e intransable para sus vidas. Del mismo modo, nosotras
resguardaremos este vínculo que hemos formado y personalmente quiero que sepas que
he tomado mi propio camino y decisión, no es negociable ahora.
El hombre no respondió a lo dicho por su hija, por el contrario,
guardó silencio para terminar de sopesar lo dicho y lo sucedido también. Al
cabo de unos momentos, solo sonrió nada más.
—¡Bueno, Bueno! — habló Francesco Bezanni que se levantó de
su silla para estar a la altura de…— Sin duda, ha sido un encuentro
significativo y nos deja a todos claro que son tal como imaginábamos que
podrían ser, son la prueba de que no me equivoqué cuando accedí en ayudar a
Patricia y Lucia. Solo lamento no haber sido participe activo en sus vidas. No
obstante, estoy consciente de que también tengo responsabilidad en esas espinas
que tienen ambas en su corazón debido a sus vivencias y me ocuparé personalmente
de pedirle cuentas a cierto personaje. Por lo tanto, hija mía, tú y yo haremos
un viaje al sur muy pronto. No es una opción, es un deber, Calixta.
—No te quepa la menor duda que lo haremos — aseguró la
morena sosteniendo a su hija y confortarla del modo en que ha aprendido, ser su
mantita personal.
—¡Perfecto! — dijo Francesco y viendo a los demás. — Es su
turno señores en pronunciarse.
Con el vamos del hombre más influyente, los otros decidieron
concluir a la que habían venido.
—Antes de que fuésemos interrumpidos — Habló Evaristo viendo
a sus dos nietas en cuestión. — Aclaramos a ustedes, que no hemos venido en son
de arrebatarles a sus madres como tampoco hacerles una encerrona a las demás. Nuestro
único propósito fue saber acerca de sus planes actuales y les dejamos una
opción que solo dependerá de todas ustedes, que, además, estoy seguro de que se
ajusta a lo que ya tienen. De mi parte, les solicito que más adelante y cuando
haya pasado todo el coraje, nos podamos reunir Pía junto a mis hermosas y
valientes nietas, como también deseo que esté presente Álvaro.
—Me comprometo a ello — accedió la rubia confortando a su
hija que daba signos todavía de estar brava.
—Con respecto a ti, Alexandra — fue el turno de su padre
Rafael de hablar. — Esperaré tu informe y veremos el destino del hotel juntos.
Será un placer que lleves a tu compañera también. Me avisas cuando tengas todo
listo.
—Te llamaré en su momento — repuso Alex sonriendo por
primera vez a su progenitor.
—Respondiendo a tus dichos, Martina — mencionó Peter más
relajado y sonriente. — Hace mucho que no es negociable tu decisión y eso se lo
debo a mi amigo Francesco aquí presente. La experiencia de los años nos aporta
cosas valiosas, hija mía y tengo claro que tú ya tienes tus objetivos muy
claros. Un consejo eso sí.
—Dime — apremió la pelirroja.
—Pon todo de ti para conquistar a esa fierecilla, de lo
contrario no sabrás que te golpeó — repuso Peter viendo en dirección de cierta
joven. — Se nota que es un hueso duro de roer, si la pierdes, te lamentarás.
—Estoy muy consciente de ello, padre — afirmó Martina con
cariño a su pareja. — Te prometo que tendré en cuenta tu consejo.
—¡Bien! — dijo su padre.
—Catalina — llamó Maximiliano.
—Padre — contestó la dominante sin soltar a su ahijada que todavía
estaba bajo el efecto del enojo.
—Suerte con Paula — refirió su padre viéndola sereno. —
aunque te confieso que delante de ti, está una mujer muy prometedora y valiosa.
No he visto a nadie como ella en mucho tiempo. Pero, es tu elección, hija mía.
—Aprecio tus palabras, padre (considerando lo primero que
fue dicho) — señaló Catalina frunciendo el ceño ante lo que prosiguió de parte
de su progenitor.
—Espero verte pronto en casa, ya que tu madre es muy
intratable cuando se trata de ti — admitió Maximiliano.
—Me haré un tiempo para visitarlos — accedió Cata aún
reflexionando en esas palabras.
Y…
—Tienes un arduo camino hija mía — fue el turno en
pronunciarse de Leopoldo viendo a su prole. — No dejes pasar más el tiempo.
Estoy seguro de que serás una excelente madre al igual que Calixta y Pía. Sin
ofender a las demás, ellas son los únicos referentes por el momento (viéndolas
a las otras presentes)
—No lo haré — repuso Ariana con una Tania que al igual que
las demás chicas, estaba bajo el encono. — Aunque todavía no la conozco
personalmente y solo ahora, sé de quién trata. No obstante, iré con todo.
—Esperemos que todo te salga como tú desees — asumió
Leopoldo en un suspiro y viendo a... — Aunque soy de la misma opinión que Max,
Hay mujeres muy valiosas en esta sala y podrían ser una excelente opción (viendo
en dirección de la rubia Calladrie)
—Ella es mi ahijada, padre — aclaró al instante Ariana que
vio en la dirección que veía su progenitor. — Y por lo demás, es muy menor.
—Eso no detuvo a tus otras dos compañeras ¿no es así? — enfatizó
su padre con esa mirada peculiar de los Banzer.
—No lo creo en mi caso personal — se apresuró en defender
Ariana algo avergonzada de los dichos de su padre. — Ya tengo en qué ocuparme y
es suficiente.
—El tiempo lo dirá, pequeña mía — no insistió su padre, aunque
mantuvo la mirada en esos ojos azules de la menor de las Calladrie. —La vida se
encarga de ponernos más de un camino. No lo olvides.
—Lo tendré presente — concilió Ariana sopesando cosas y
sacudió su cabeza para espantar ideas irracionales para ella. — Como dije antes
ya tengo en qué ocuparme.
—Tú madre es el claro ejemplo de mi consejo y he sido
afortunado de que ello ocurriese — develó Leopoldo Banzer viendo a su hija. —
Solo procura no dejar pasar más el tiempo.
—No lo haré — comprometió Ariana y cerrando el tema.
De seguro que esta reunión había sido todo, menos suave y
delicada, se dijeron cosas profundas y guardadas desde hace mucho tiempo como
también manifestó la postura de la generación más joven de esta familia. Haciendo
un balance general estaba claro que había una gran ganancia, reafirmaron lazos,
obtuvieron más de lo que hubiesen imaginado o esperado en el caso de las
dominantes y por la contra parte al fin habían limado asperezas con sus
descendientes y se abrió una puerta al diálogo que se percibía auspicioso para
el futuro. Una conversación sin igual al y al cabo.
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