Capítulo 3 y final
One shot de las vueltas de la vida (Mariela y Carla)
Después de pasar por las cuatro semanas más
desagradables de su vida. En las que tuvo que lidiar entre una escena de celos,
luego; la indiferencia casi total en el trabajo y para rematar con la guinda de
la torta; con el silencio y frialdad de su extraña relación sentimental, sí es
que se le puede llamar relación algo que se mantiene en completo anonimato y a
puertas cerradas. Sin contar que, no siempre se podían ver a escondidas y sólo
era cuando aquella mujer así, lo decidía.
Desde el mismo momento en que la conoció, supo que no pasaría por su vida sin dejar huella ¡Y vaya qué lo hizo! Se enfrentaron a penas de conocerse y por dos años de comienzo, se llevaron fatal. Era tan tirante su relación profesional que no se soportaban verse sin atacarse, hasta que tuvieron la mala idea de desafiarse en el plano sentimental; mejor dicho, sexual; que lo que se inició como una desafió de sometimiento entre una a la otra, terminó por enredarlas en lo que no debían que era su corazón y terminaron enamorándose. Lo que conllevo a destruir un matrimonio, un alejamiento de la familia, amenazas e insultos por parte del esposo y acabó con el nacimiento de un niño que fue aborrecido por su padre desde el mismo instante en que fue concebido.
Sin duda que todo aquello, no era digno de
enorgullecerse por parte de ambas. Y es que ambas mujeres sabían que habían
hecho mal las cosas y las consecuencias de sus actos, trajo un torbellino de
caos, que por poco les cuesta un verdadero colapso nervioso.
Fue así, que, por cosas de la vida, suerte o cómo
se le quiera llamar. Gracias por un lado a lo sucedido con su mejor amiga y
colega de trabajo, se vio envuelta en un viaje relámpago a su tierra natal y
camino de concretar su tan anhelado deseo de comenzar una vida sin la presencia
de Mariela Sopric.
Siendo las 8:45 de la noche, llegaron a Coihaique y
una vez que tomaron un taxi para llegar a casa de los padres de Florencia.
Ésta, se dispuso enseguida en llamar a su antiguo jefe y concertaron una
entrevista para ambas al día siguiente a primero. De este modo, las cosas
comenzaban a darse para la joven contadora y su propósito de rehacer su vida.
Aunque ello le significará, romper su corazón al alejarse de sus dos amores: de
la Arquitecta y de su pequeño hijo Benjamín, porque eso era el niño para Carla,
suyo. El hijo que fue concebido pensando en ella y tuvo esa certeza desde el
mismo instante en que lo tomó en brazos y el vínculo se cerró entre ellos y se
hizo indisoluble al punto de saber cuándo el pequeño la necesitaba o cuando
estaba enfermo sin siquiera llamar a casa de la Arquitecta. Un hecho muy
particular y peculiar. Un lazo entre madre e hijo.
A pesar del gran amor que por ambos profesaba, debía
alejarse por salud mental y por el derecho propio a ser feliz. Y es como
estaban las cosas con la Arquitecta, no había luces para cuando hacer un futuro
juntas y debía volverse egoísta y pensar en ella un poco.
Y es que Carla, se quería muchísimo al punto de
tener un ego muy grande por su persona. Sin embargo, lo marginó bastante con
tal de dedicarle todo su cariño, tiempo, esfuerzo y más en procurar a la mujer
que amaba. Aunque la balanza estuviese muy desequilibrada para un lado, lo que
terminó por hacer estragos en su corazón; que se sentía desplazado y poco
valorado por el objeto de su adoración.
De este modo a la mañana siguiente de haber llegado
a Coihaique, estaba mentalizada en la entrevista que se llevaría a cabo en las
instalaciones del holding francés y en el momento que su mejor amiga le llamó
para avisarle que ya estaba a punto de pasarla a recoger. No pudo evitar
gastarles bromas y hacer que se incomodará con sus insinuaciones. Algo muy
típico de la contadora.
Tras salir de casa para ir al encuentro de su
colega y al momento de subirse a la motocicleta de la muchacha. Sintió un
escalofrío recorrerle de pies a cabeza, pero no supo deducir el por qué. Solo
aspiró profundo y arrancaron del lugar sin demora a la entrevista.
No obstante, lo que se pensaba que sería un día
especial y lleno de buenos augurios para un futuro juntas, se volvió incierto
de un momento a otro y es que en pocos minutos de llevar rodando por las calles
de la ciudad y justo al llegar a una de las esquinas principales, se cruzaron
con una camioneta y cuyo interior lo ocupaban nada menos 2 de sus jefas y entre
las cuales estaba…Mariela Sopric en persona.
Casi se murió al cruzar sus ojos con los de la
mujer que amaba y cuyo corazón retumbaba en sus oídos en ese momento y sintió
como el tiempo paso en cámara lenta al enfrentar esos ojos verdes que también
conocía.
¿Coincidencias de la vida?, ¿jugarretas del
destino? O ¿cadenas que no se pueden romper? Lo que fuese dejo con el corazón
de la joven contadora muy contraído. Y por más que su compañera, trató de
escapar con aquella moto de su también amor y novia. Terminaron por provocar la
más loca y peligrosa carrera en un escenario de escarcha y humedad. Que los
llevo a una encerrona que les provocó un pequeño accidente con su moto y que
gracias al divino creador y a las maniobras de la joven Villar, no pasó a
mayores.
Sin embargo, gatilló el enojo encendido en la
contadora y reprendió duramente a Mariela, al punto de abofetearla ferozmente,
movida por los miedos y sumado al dolor y decepción acumulados en su corazón,
que la llevaron a reaccionar de esa manera.
Gracias a la oportuna intervención de la Arquitecta
Almagro, ceso aquella agresión física, pero que no evitó que los reclamos
surgieran de inmediato tras la confesión que hiciera ésta última sobre el
divorcio de la Arquitecta Sopric, lo que generó la molestia absoluta de Carla y
mandó al mismo carajo a Mariela. No obstante, fue ahí que Sopric, recuperó la
compostura y decidió resolver definitivamente las diferencias con su mujer y se
la llevó arrastrando a la camioneta y de ahí, al hotel dónde se alojarían.
Una vez que entraron a la habitación, Mariela,
trató de armarse de paciencia y explicar lo sucedido y el porqué de sus
decisiones. Más, todo intento resultó en vano, ya que Carla, mantenía una
actitud de no tranzar en lo más mínimo y se cerró a escucharla. Ignorándola por
completo.
Fue así, que momentos después llegaron Sofía y
Florencia a la misma suite y al momento de entrar, dedujo que la situación
seguía tal cual; con solo verle el rostro a su colega y mejor amiga.
No lo pensó dos veces y decidió intervenir una vez
e hizo una sola pregunta a las dos; lo que las remeció hasta el infinito y al
constatar ambas respuestas en ellas. Ser marchó junto a su novia a su
habitación, ya que al igual que las otras dos, debían solucionar malos
entendidos causado por Colomba Peters.
─ Carla ─
susurró
Mariela.
─ Dime ─
respondió
ésta,
alzando sus ojos hacia la Arquitecta.
─ ¿Quieres escuchar lo que tengo que decir? ─ se atrevió a preguntar algo dudosa Mariela,
jugando con sus manos.
─ ¿Serás sincera esta vez? ─
Contra preguntó Carla, escudriñando el rostro de Sopric. ─ O ¿te escudarás en que intentabas protegerme?
─ Car…la ─
murmuró
dolida Mariela.
La contadora, no apartó sus ojos de Mariela y por
primera vez desde que la conoció; pudo apreciar algo que jamás hubiese creído o
imaginado siquiera…En la Arquitecta había inseguridad y temor de arruinar las
cosas al tratar de explicar las cosas. Y ese silencio confirmó sus
apreciaciones. Dejo pasar unos dos minutos a lo sumo y llevando su mano al
mentón, reflexionó en lo que debía hacer por el bien de ambas. Exhaló una gran
bocanada de aire para darse ánimo y se puso en pie y dirigió sus pasos hasta el
sofá en que estaba sentada Mariela y extendió su mano hacia ella.
─ Todos en la vida, tenemos derecho a una segunda
oportunidad ─ mencionó seria Carla ─ Si descubro que me mientes, será tu fin, Mariela. Y
no esperes que Sofía,
interceda por ti, porque no la escucharé.
─ Eres un tanto arrogante, ¿no te parece? ─ señaló Mariela, depositando su mano en la de Carla y
alzando su barbilla con altanería, añadió. ─
Pero, no desaprovecharé
esta oportunidad y acabaré
con los malos entendidos entre tú y yo. Y no necesito que nadie me
defienda, puedo solita hacerme cargo de ti.
─ ¡Yap! ─
exclamó
de igual modo Carla y dejó
que la Arquitecta la guiará al dormitorio. ─
Directo al grano Sopric y sin desvíos. Y de arrogante no me queda mucho
contigo; de lo contrario hace mucho te hubiese abandonado.
─ Olvidaba lo directa y acida que eres por momentos,
dulzura ─ soltó con un marcado sarcasmo Mariela,
abriendo la puerta de la habitación.
Al momento de ingresar, la contadora, miró de
soslayo a Mariela; que la dejo pasar primero. Con una mirada un tanto
amenazante y al volver de frente, sus ojos grises se empequeñecieron un poco y
se giró sobre su eje y clavó la vista en la Arquitecta.
─ ¿Qué estabas pensando en pedir un cuarto matrimonial? ─ preguntó sin miramientos Carla.
─ ¿No es obvio? ─
inquirió
Mariela, cerrando tras de sí, y con seguro, asegurándose de no dar
chance alguna.
─ ¿Qué es lo obvio para ti, Mariela? ─ indagó Carla ─.
Porque hasta dónde
yo sé,
tú
y yo solo tenemos una aventura ocasionalmente y cuando a ti te conviene.
─ ¡Auch! ─
exclamó
con pica la Arquitecta, pasando su dedo por debajo de sus labios. ─ Eso dolió, querida mía. Y me permito
recordarte lindura que hace unos años atrás, no tuviste queja alguna cuando
pedí un cuarto como éste en nuestro primer encuentro. Y bien que lo
disfrutaste.
─ De acuerdo; punto a tu favor ─ rebatió Carla y se medió vuelta y se fue
derecho a la cama y se sentó en la orilla y desde ahí, continuó. ─ Reformularé la pregunta. ¿Qué pretendes ahora trayéndome aquí; cuando las cosas
entre nosotras se han enfriado?
─ Respondiendo a tu pregunta, vida mía ─ comenzó con su alegato Mariela, que se acomodó en un sitial que
estaba frente a la cama─. Si te traje hasta aquí con este tipo de
habitación,
es porque de mi parte; mis sentimientos por ti no se han enfriado como mermado
en lo absoluto. Por el contrario, sigo tan enamorada como en un principio y
este cuarto es el reflejo de lo que pienso y siento que debemos ser tú y yo de
ahora en adelante…Un matrimonio.
─ ¡¿Así?! ─ Se mofó Carla, sin mostrar
emoción
u alegría
con lo dicho ─ ¿Y por qué ahora? Esperaste mucho para insinuar
tus verdaderas intenciones ¿No te parece? ¡2 años, Mariela!
─ ¡Uf! ─
exclamó
con un resoplido la Arquitecta y prosiguió. ─
Realmente eres despiadada cuando te lo propones, Ramos.
─ ¿Perdiendo la paciencia, Arquitecta? ─ Se burló Carla, con una postura bastante
desafiante─ No habla nada bien de la impertérrita
Arquitecta Sopric que yo conozco.
─ ¡Estás siendo bastante desagradable! ─ rebatió en el acto Mariela, sin dejarse
amilanar por la actitud hostil de su pareja. ─
¿No
te das cuenta que lo único
que consigues es poner más
obstáculos
a nuestra relación?
─ ¡No me digas! ─
refutó
de frentón
Carla ─ y si vamos aclarar las cosas entre las
dos. Comienza por explicarme qué tipo de relación tenemos según tú. Porque en todo este
tiempo jamás
he podido responderles a mis padres y hermanas qué somos. Así que, ¡Habla!
─ Ok. Me lo merezco ─
contestó
Mariela, que se levantó y comenzó a caminar por la habitación─. Tienes todo el derecho de refregarme en el
rostro; mi error de haber callado un hecho que yo creí que sería mucho mejor si no
estabas al tanto hasta que pudiera resolverlo en tribunales y así, poder proponerte un
futuro juntas.
─ No respondes a mi pregunta, Mariela ─ insistió Carla ─
Solo te estás
excusando nada más.
─ ¡Mi Dios! ─
exclamó
Sopric, deteniendo en seco sus pasos y giro sobre sus talanes, y le que viendo
atónitamente
─. ¿Por qué están difícil hacerte entender las cosas
cuando te pones en esa estúpida actitud?
─ Dejemos algo claro Arquitecta. ─ protestó de inmediato Carla ─ Querías hablar conmigo para explicar tus
decisiones y lo único
extra que yo te he pedido, es que me aclares el tipo de relación que tenemos o
¿es mucho pedir?
─ ¡No! ─
Casi lo gritó
Mariela y recomponiéndose
de inmediato ante la mirada reprobatoria de la contadora ─ Claro que no.
─ ¿Entonces? ─
instó
Carla, expectante.
─ Quiero que sepas, antes que nada. Que desde
nuestra primera vez juntas, deseé tener una vida en pareja contigo ─ reveló Mariela con la vista perdida en el
piso─ Y en el momento en que me desperté a tu lado, me dolió mucho estar casada
con Ricardo y no contigo. Hubiera preferido mil veces esperarte a conocerte que
haberme unido a otra persona.
Desde esa primera noche, supe que eras la persona
correcta y perfecta para mí. Tan distinta a mi esposo, no dejaste de hacerte
notar y a pesar de saber que yo no era una mujer libre; te esforzarte por estar
siempre presente, me sedujo verte conquistarme. Brindarme tu tiempo, tus
caricias y por sobre todo tu amor.
Cuando me pediste que te entregara mi corazón
porque deseabas ser su dueña, me sobrecogió de sobremanera ver lo importante
que yo era para ti y que no dejarías de luchar por mí. Aquello me hizo ver que
eras tú a quién necesitaba en mi vida. A quién me hiciera sentir amada y viva;
y no ser un adorno para alardear con los amigos.
Cuando Ricardo, regresó de uno de esos tantos
viajes; comprendí que ya mi corazón no sentía nada por él y solo quedaba un
gran cariño y el peso de la conciencia de haberle sido infiel y de haberme
enamorado de una mujer, consiguiendo que me sintiera culpable de saber que le
causaría un gran dolor cuando supiera toda la verdad.
A medida que pasaba el tiempo, me desesperaba tanto
no poder resolver las cosas y para mi desgracia, tú comenzaste a salir con un
chico y al verlos juntos y ver cómo se besaban, creí morir de coraje. Y los
celos terminaron cegándome y dejé que Ricardo, se acercase a mí y fue el
momento en que concebí a Benjamín. Pensando todo el tiempo en la mujer que
amaba.
No fui capaz de verte a la cara después de eso e
hice lo que estaba a mi alcance huir de ti y que no vieras en mis ojos la
verdad de que te había traicionado. Cuando te había prometido que nunca dejaría
que nadie más me tocara que no fueses tú.
Fueron meses de tristeza y soledad, por más que
anhelará con toda mi alma verte y decirte lo mucho que te amaba, mi vergüenza
pudo más y dejé pasar el tiempo hasta que Casy y Sofí, me contaron lo que
estaba sucediendo contigo y sin pensarlo dos veces fui a verte. En ese momento,
no me importó nada mi estado, solo quería asegurarme de que tú estuvieras bien.
Cuando te vi, creí morir al ver que estabas
sumamente delgada, demacrada y tus ojos estaban tan opacos y la culpa volvió a
martirizarme por ser la responsable de tu estado de salud. Lo que sucedió
después, lo sabes mejor que nadie.
Al alejarme del todo de la constructora y de ti, me
hice el firme propósito de olvidarte y retomar mi vida junto a mi hijo. Pero,
la vida me tenía deparada otra desagradable sorpresa y fue que, al mes de
nacido Benjamín, él vino para pedirme el divorcio porque no podía estar junto
con una mujer que le fue infiel y que me atuviera a las consecuencias de que me
quitaría todo y que jamás reconocería al niño como su hijo porque era de mi
amante y que gastaría hasta el último centavo que tenía para encargarse que
nunca pudiese estar contigo y que velaría para que ello no ocurriese.
No puedes imaginar el miedo con el cual vivía cada
día de saber que, en cualquier momento, Ricardo, pudiese materializar su
amenaza y tú resultases lastimada por mi descuido. Noche tras noche despertada
asustada de pesadillas en las cuales él te agredía. Fueron días horribles, en
que solo mi familia conoció absolutamente la verdad y mis hermanos
interpusieron una denuncia ante el juzgado y obtuvimos una orden de alejamiento
y fue mi padre, quién viajo hasta Buenos Aires y lo encaró. Por mi hermano
Damían, supe que papá lo amenazó en que, si volvía a poner un pie en Chile, se
encargaría de que nunca más volviera a ver la luz del sol y que no intentará
hacerse el listo porque tenía contactos en todas las ramas de las fuerzas
armadas y lo mantendría vigilado y se iba a convertir en su sombra, si llegaba
a saber que estaba rondándome.
Después de eso, mis abogados, se encargaron de
sacar adelante el juicio y la demanda de divorcio se cambió por una de nulidad
matrimonial y se valieron del agravante de amenazas directas en contra mía y el
de mi familia, hubo testigos que avalaron las acusaciones y por ello,
conseguimos después de casi dos años de litigio ganar y salvaguardar mis bienes
patrimoniales, mis derechos y potestad de Benjamín. Además, de una compensación
por daños y trastornos, lo que le llevó a entregar la mitad de sus bienes.
En ese sentido, mis padres fueron implacables con
Ricardo y se valieron de cuanta amistad tenían en la corte suprema como en el
de apelaciones. Consiguieron con ayuda de Sofía, cancelar los permisos de 8 de
las firmas de multinacionales que tenían sucursal en Chile y que eran
representadas por él, como gerente general. Quitaron el respaldo económico en
la banca a sus empresas y como si fuese poco, mis padres como los de Sofí,
retiraron sus acciones de todos aquellos negocios que tuvieran relación con mi
esposo o su familia.
No hubiese querido llegar tan lejos, pero él, no
tuvo ninguna contemplación conmigo al pretender lastimar lo que más amo en esta
vida, como lo son tú y Benja. Jamás hubiese permitido que te lastimara, aunque
tuviese que vender mi alma y todo lo que poseo con tal de verte a salvo.
Carla, por más que te amase, mi deber era velar por
ti en todas las formas posibles y no me arrepiento de ello y lo volvería hacer
si fuese necesario. Pero con la única diferencia, que esta vez, estaría a tu
lado en todo momento y hacerte ver lo mucho que te amo y lo importante que eres
en mi vida como en la de mi hijo. Mejor dicho, nuestro hijo.
Aun cuando pudimos estar juntas nuevamente, tuve
que mantener un amorío a escondidas contigo y no dejar que lo nuestro se
supiera. No sabes, cuánto me dolía a mí, dejarte ir cada día en la empresa y
verte con la mirada triste al marcharte a casa. Me partía el alma, ver
reflejada esa decepción y la resignación que tuviste que asumir en que solo los
fines de semanas pudiésemos estar juntas en tu departamento.
Fue doloroso no poder compartir como una pareja
normal, con salidas a cenar, al cine o llevar a nuestro pequeño a lugares de
entretención. Nos limitamos a salidas de supermercado nada más o algunos
encuentros en que pudiésemos estar en más compañía, como los rallys y así,
pasar desapercibidas ante los demás.
Cada día en que regresaba a casa al anochecer,
tenía que ver como Benja, salía corriendo a mi encuentro y me preguntaba por su
mami. No puedes imaginarte como dolía verlo buscarte con tanta desesperación y
ver como se dormía en mis brazos después de llorar al no hallarte. Hubo
ocasiones en que, estando mi hermana en casa, tuvimos que llevarlo a la clínica
urgente porque entraba en crisis y la fiebre le subía mucho. Fue horrible, verlo
llamarte una y otra vez, mientras deliraba y el pediatra, nos aconsejó que
buscásemos la forma de que el niño pudiese compartir más tiempo contigo y así,
la separación no fuese tan dolorosa, ya que estaría viéndote más a menudo y se
iría acostumbrando a que debía despedirse de ti al finalizar la visita.
Mis padres, me aconsejaron que llevara a Benja a la
constructora y pudiese verte más seguido y por eso fue que lo viste a menudo
por allá y pasar todo el tiempo en tu oficina, después de recogerlo en el jardín.
Eso sí, no me perdonaba que el fin de semana no estuviese en el depa con su
mami y las únicas veces que no pude llevarlo contigo por viajar al extranjero,
me hizo unos berrinches tan grandes y que papá intervino y se lo llevo con él a
la fuerza a Rapel y así, mantenerlo distraído pescando.
Muchas veces nuestras decisiones nos pesan ya sean
para bien o para mal, por más que trates de mantener un equilibrio en todo o
que todo esté perfecto y en armonía; es más una utopía decirlo que hacerlo,
porque siempre habrá muchos que no queden conforme y otros tantos salgan
disconforme con algo y como dice el sabio dicho: Es imposible ser monedita de
oro para caerle bien a todos y pretender hacerlo es de tontos.
Lo que me lleva a justificarme; en que mis actos
por un lado lograron su propósito de mantenerte a salvo, pero al anverso de la
moneda consiguieron lastimarte más de lo que traté de evitar que hiciese mi ex
esposo. ¡Vaya ironía de la vida! Al final de cuentas, fui yo, quién terminó por
herirte.
¡En fin! No hay nada que pueda agregar o decir para
borrar el dolor que te provoqué y por más que hubiese anhelado, no podía
mantener una relación formal y seria contigo. Por más que me ha dado vueltas en
la cabeza, ¿qué hubiese pasado si hubiese hecho lo contrario? Tal vez, hubiese
sido distinto…No lo sé y adivina no soy.
La única verdad que puedo decirte desde el fondo de
mi corazón es… ¡Siento haberte lastimado Carla! No sabes cuánto me duele ver en
tus ojos la decepción y la desconfianza hacia mí. Daría todo lo que tengo con
tal de que vuelvas a confiar en mí como aquella vez, en que me decías que
dejarías tu vida en mis manos porque sabías que nada malo te sucedería, ya que
confiabas plenamente en mí, aún con los ojos cerrados, nada malo pasaría porque
yo estaba ahí para ti.
¡Lo siento tanto! No quise lastimarte, mucho menos
a ti, Carla. A la única persona que amado más que a mi vida y a la que seguiré
amando hasta la muerte, porque eres lo que mejor ha podido pasarme en esta
vida. Contigo realmente conocí el verdadero significado de la palabra amar, con
todas y cada una de sus letras. Y es algo que jamás, de los jamases me
arrepentiré.
Ahora, ya sabes los motivos por los cuales no podía
tener una relación formal y estable contigo ante los demás. ─ fueron últimas palabras con las qué Mariela,
justificó sus acciones ante la mujer que amaba.
Bajo aún más la mirada, pero con la salvedad que
esta vez, se encontraba mirando por la ventana de aquella habitación, como
intentando evitar la mirada de la única persona que más le ha importado,
contando a su hijo y que estaba incluso por sobre su familia.
Por su parte, Carla, que había escuchado todo en
silencio y que, por primera vez en su vida, no interrumpió como tampoco impuso
su opinión de sus impresiones a medida que la Arquitecta continuaba hablando.
Varias veces sus ojos se abrieron más de la cuenta
mientras oía la confesión de los hechos a la mujer que, amaba a pesar de todo
lo que sintió su corazón y lo que le tocó vivir. No podía creer que un hombre
así hubiese estado ligado sentimentalmente al lado de una mujer que juró ante
Dios, protegerla con su vida en lo bueno y en lo malo, salud como enfermedad.
No podía siquiera comprender en que hubiese personas que una promesa o voto de
amor, se terminase por esfumarse con la nada y se volviese odio puro. ¿En qué
quedaron tantos sentimientos y cariños prodigados en los años compartidos?,
¿puede el amor convertirse en egoísmo extremo?, ¿qué clase de amor es el que
profesan los hombres verdaderamente?
Por más que le explicasen mil veces, jamás
entendería como un amor o cariño, podía convertirse en lo opuesto. ¿Estaría
sintiendo ella lo mismo? Por mucho que la decepción le provocó un sentimiento
tan amargo como llegar a creerse poco amada, fue incapaz de vengarse o tomar
revanchismo con la ley del Talión. No podía hacer una cosa así.
Si bien, intento una y otra vez, liarse con algún
hombre que le pudiese hacer olvidar a Mariela. Fue con el único propósito de
dejarla libre y que ella fuese feliz al lado de su esposo y tuviesen una
oportunidad de salvar su matrimonio, aunque por dentro se estuviese muriendo de
dolor. Y es que su corazón les pedía a gritos ir y quitarle a la Arquitecta a
Ricardo. No pudo, ya suficiente daño había hecho ya con haberse interpuesto
entre ambos y haberse permitido enamorarse de la única mujer que estaba
prohibida para ella.
Reconocía su culpa en parte de los hechos y se
sentía responsable del dolor que tuvo que, sobre llevar Mariela, pues jamás
imaginó que su esposo fuese capaz de reaccionar de ese modo y mantenerla con un
miedo constante.
Era bien difícil asimilar todo de golpe y porrazo,
varias veces pestañeó más de la cuenta, pues era un trago duro de digerir.
Ahora, podía hacerse a la idea del porque su indiferencia, frialdad y
despotismo empleado con ella. No podía culparla después de todo. Tenía una
justificación muy poderosa. No la correcta, pero justificación verdadera al
final de cuentas.
Ahora, era su turno de hablar y de tomar una
decisión al respecto. Esto no se trataba de una sola persona. Estaban
involucradas ambas partes; mejor dicho; ahora eran tres partes en toda esta
historia.
Meditó unos segundos más en su decisión y se
dispuso en hacer unos pequeños movimientos más antes de darle a conocer su
verdad.
─ Mariela ─
llamó
Carla.
─ Dime ─
respondió
ésta,
sin voltear a verla, aún
no se sentía
capaz de mirarla a los ojos.
─ Sácame de una de una duda ─ mencionó Carla.
─ ¿Cuál? ─ preguntó Mariela.
─ Tus padres… ¿harán lo mismo conmigo si saben que podría llegar a lastimarte
si rompo contigo? ─ indagó con parsimonia Carla, guardando sus
emociones al máximo.
Al escuchar la pregunta, Mariela, sintió romperse
por dentro y se volteó enseguida a verla y con infinita incredulidad de no
creer lo que se le estaba preguntando.
─ ¡¿Es broma? ¿verdad?! ─
inquirió
Mariela, cuyo rostro estaba casi desencajado ante interpelación.
─ ¡En lo absoluto! ─
respondió
Carla, cruzándose
de brazos y elevando la barbilla en forma desafiante─. Puedes creerme, que no estoy para bromas.
Arquitecta.
Mariela, tragó en seco y dolorosamente. ¡No cabía
duda ya! Había cavado su propia tumba por imbécil y nada de lo que dijo, sirvió
para justificarla ante la mujer que amaba y nada de lo que hizo, valió la pena;
puesto que al final, Ricardo, se salió con la suya de no permitirles estar
juntas.
─ Aunque me duela tu decisión. ─ respondió Mariela, con la garganta casi cerrada
del nudo que se le estaba haciendo al contener el dolor y el deseo de llorar
que estaba embargándola
en ese momento. ─ sería yo misma, quién les pediría que se mantuvieran
al margen de esto y que respetaran tu decisión tal como lo voy hacer yo.
─ ¡Ya veo! ─
exclamó
Carla, viéndola
directamente a los ojos y su rostro se volvió más serio aún─
hay algo que no entiendo en todo esto.
─ ¿Qué cosa es la que no entiendes? ─ murmuró Mariela, tratando de aclarar su voz y
disfrazarla lo más serena posible.
─ No entiendo por qué te tiene que doler mi decisión. ─ soltó brutalmente Carla, sin un ápice de consideración.
─ ¡Mi Dios! ─
Chilló
Mariela, que dejó
que su dolor saliera a relucir y lágrimas irrumpieron sobre sus ojos,
siguiendo un camino alocado por sus mejillas. ─
¿Cómo diantres no me van
a doler? Si estás
terminando conmigo a pesar de que te di, una buena explicación del porqué de mis
actos. ¿Acaso
piensas que soy de fierro? ¡Me duele fíjate! No soy la mujer fría como todos
ustedes suponen. Tengo sentimientos y ahora mismo, tú te has encargado de hacer
trizas mi corazón, sin importarte nada.
Te amo como una verdadera idiota, que jamás creyó
que pudiera sentir lo que hoy siento por ti. ¿Cómo no te das cuenta que me
estás matando viva? ¿Tan poco valió mi amor para ti? Que me dejas, así como
así, porque no puedes aceptar que fue imposible para mí, tomar otra decisión
porque estaba arriesgando tu vida. ─
Ya a esas alturas Mariela casi gritaba lo que sentía en su interior─ ¡Tenías razón, Carla! Un día pagaría muy caro todo ¡Y maldita sea que se
te cumplió!
Que llegaría
a ti de rodillas para pedirte perdón y que sería muy tarde para mí. ¡Mírame bien! Por qué ahora ¡Sí!, me tienes dónde querías y acabé
perdiéndote. ¡Contenta! Búrlate de una vez y dime que me lo advertiste y no te
creí; porque ahora sí te doy la razón. Perdí ante ti y no hay nada que pueda
devolverte a mí. ¡Hazlo ya! Y luego, lárgate de mi vida y sé feliz con quién
desees. ¡Ya no me importa nada! ─
finalizó
Mariela, que se derrumbó
en el piso y se abrazó
a sí
misma, mientras lloraba sobre su pecho, impotente y sin consuelo alguno.
La Arquitecta Sopric, se olvidó de todo y no se
percató como unos pies estaban a su lado y esos ojos pardos le veían muy
distintamente de cómo le vieron unos instantes atrás.
─ ¡Levántate Mariela! ─
ordenó
Carla ─ ¡Ponte de pie y mírame bien a los ojos!
Al escuchar aquella orden, trató de tranquilizarse
y acató lo que se le mandó sin levantar su rostro.
─ ¡Mírame! ─
ordenó
nuevamente Carla.
No obstante, no tuvo respuesta alguna a su mandato.
─ ¡Mírame Mariela! ─
insistió
tenazmente Carla ─ ¡Atrévete a mirarme de una buena vez!
Esta vez, sí hizo mella su petición y lentamente el
rostro de la Arquitecta comenzó a elevarse hasta quedar a la altura de la otra
mujer y entre lo nublado que estaban por las lágrimas que aún pugnaban por
continuar su curso. Cuando su campo visual se enfocó o se centralizó en
aquellos otros ojos, los suyos, fueron los que se abrieron desmesuradamente al
contemplar el rostro de la joven contadora y lo que vio en aquellos ojos grises
que tanto amaba.
─ Dime ¿por qué te puede doler tanto mi decisión? ─ volvió a preguntar Carla, con la voz quebrada
y con su rostro inundado por lágrimas que bullían como mar en tempestad. ─ ¡Cuando no sabes cuál es! Solo hice una simple pregunta
hipotética,
de la cual tendrías
qué
haberte dado cuenta.
La pregunta retumbó en el dolorido corazón y por un
mísero instante, la trajo a colación a su mente y recordó cada palabra,
analizando el mensaje que podría estar oculto.
─ Tú dijiste que podrías lastimarme al dejarme ─ indicó dolida Mariela y tratando de buscar la
lógica
al cuestionamiento y sacudió su cabeza atormentada sin conseguir su objetivo. ─ Yo no me equivoqué…Yo… ¡Mi Dios!... ¡No puede ser!
─ Dije «podría» lo que no significa que vaya hacerlo ─ intervino Carla, que llevo su mano a la altura de
su corazón
y trataba difícilmente
de mantener limpia su voz a esas alturas─
Nunca dije que iba a terminar contigo, solo hice un supuesto y conociéndome
como me conoces; deberías saber que solo intentaba buscar tu verdad. La misma
verdad que hay dentro de mi corazón.
Y que si no te amara como lo hago, jamás hubieses
tenido una oportunidad conmigo o hubiese aguantado todo lo que he debido pasar
con tal de estar a tu lado. De que me dejases amarte como siempre he querido
desde que te conocí y a pesar de tu condición de casada, jamás fue impedimento
para que mi corazón profesara este sentimiento y te adorara como una idiota; al
punto de que justificaba todo lo que hacías y aunque me dolía hasta el infinito
no poder estar más tiempo a tu lado o que no me presentarás con tu familia; o
que reconocieses como tu pareja frente a los demás. Todo lo perdonaba o le
restaba importancia, porque te amaba tanto, que llegué a conformarme con
migajas de ti, de tu tiempo, de tu querer y solo momentos en que podía
compartir contigo y nuestro pequeño.
Yo también, lloré muchas noches en que deseaba tu
compañía, tu amor, tu calor, tus mimos. ¿No sabes la falta que me hacías en las
noches o durante la semana? ¡Dolía como diablos, Mariela! Saberte tan cerca y a
la vez, tenerte a kilómetros lejos de mí.
¿Cuántas veces, sentí contraerse mi corazón al
presentir tu voz llamándome? O ¡Cuándo mi hijo, estaba enfermo! Quería mandar
todo al diablo y presentarme en tu casa y reclamarte de una vez por todas y
decirle a todo el mundo que tú eras mi pareja.
Me contuve, siempre me contuve porque no deseaba
perjudicarte más. No quería ser la causa de más dolor en tu vida y fue así, que
me conformé con todo y acepté sin chistar lo que me dabas. Hasta que; decidí
que tenía que hacer algo al respecto o de lo contrario me la pasaría
esperándote eternamente y me valí de Flo, para hacer mi jugada y ver cuál sería
tu reacción.
Si no venías a buscarme, significaría que yo no era
importante en tu vida y aunque estaba dispuesta a darme el lugar que merezco y
rehacer mi vida. Quise darte una última oportunidad y dejar que fueras tú; con
tus acciones, que me demostraras que había valido la pena, luchar por tu amor.
Ya había tomado una decisión cuando te vi aparecer
en esa camioneta, pero lo que confesó Sofía, me tomó por sorpresa e hizo que
reaccionara de mala manera, sumado al susto que me hicieron pasar en esa moto,
que juro que no volveré a subir a otra en mi vida.
¡Cielos Mariela! Deberías haberlo sabido que la
promesa que te hice aquella noche, la he cumplido hasta hoy ─ confesó Carla sus sentimientos como sus
impresiones a todo lo sucedido entre ambas. ─
Que no iba a renunciar a ti y qué pasara lo que pasara, estaría luchando de una
forma u otra para permanecer a tu lado y qué sabría ser paciente hasta que fueses una
mujer completamente libre y pudieras pedirme en que me convirtiese en tu novia.
¿Lo olvidaste?
─ ¡Claro que no lo olvide! ─ respondió aturdida Mariela, que la envolvió en sus brazos y en
su oído
le susurró
─ ¡Por favor! ¡Perdóname mi amor! No
quise hacerte sufrir de ese modo. Lo siento tanto, cariño mío…lo siento mucho.
─ ¡Perdóname tú a mí! Por haber interrumpido así en tu vida ─ se disculpó Carla, que lloraba amargamente a esas
alturas─ No pude ganarle a mi corazón y terminé cediendo a sus
sentimientos aún
a sabiendas que eras completamente prohibida para mí.
─ No te disculpes, mi amor ─ rebatió entre llanto y alegría Mariela, que la
llenaba de besos en el rostro─ es lo mejor que
pudiste haber hecho y no sabes cuan agradecida estaré, porque eres lo
mejor que me ha sucedido y fue tu determinación la que terminó conquistándome y
enamorándome completamente. Yo no podría ya vivir sin ti, Carla. Eres mi todo,
mi vida, mi amor, mi amante, mi compañera y dentro de muy poco, serás mucho
más.
─ Mariela ─
susurró
con dificultad Carla, conteniendo su llanto y el poder hablar más
elocuentemente. ─ ¿esta vez será definitivo lo
nuestro?
─ Por supuesto que sí ─
confirmó
Mariela, estrechándola
aún
más
a su pecho ─. Y no habrá nadie que se
interponga entre nosotras.
─ ¿Tus padres? ─
inquirió
Carla.
─ ¿Qué pasa con ellos? ─
preguntó
Mariela, separándola
un poco y verla a los ojos.
─ ¿Crees que ellos me aceptaran como tu pareja? ─ se atrevió a preguntar a la joven Ramos─ Después de tu ex esposo. No sé si les parecerá grato tener a una
mujer por nuera. Tu vienes de una clase social muy severa con los gais, por
decirlo suavemente y no homosexuales.
─ ¡Mi dulce Carla! ─
murmuró
una enternecida Mariela, que acarició el rostro de su mujer. ─ Si tú supieras que mis padres saben casi
todo de ti. Quién eres y el lugar qué ocupas en mi vida como en la de Benja.
No te negaré que les costó asumirlo en un
principio, pero cuando vieron lo mucho que te amaba y las amenazas de Ricardo.
Desde ahí, todo se volvió a tu favor e incluso mis hermanos siempre preguntaban
por ti y cómo estabas. Y siendo la misma Romina, que muchas veces se prestó
para ir a recoger a Benja al jardín y me insistió en comprar lirios para dejar
en tu oficina cada 5 de cada mes. Me llamaba una hora antes de que la alarma de
mi celular sonara y recordarme que debía encargar las flores.
Cuando Florencia llegó a nuestras vidas, mi hermana
quedo muy preocupada al conocerla; y eso que no la presenté con ella. Mi
hermana, me advirtió que tuviese mucho cuidado con Flo, porque se notaba que
podía ser una seria competencia para mí y que tenía todas las de perder, porque
ella tenía lo que a mí me faltaba y lo que tú necesitabas en tu vida. No sabes,
lo odiosa que se puede volver tu gemela, miraba con mucha desconfianza a
Florencia y me regañaba mucho cuando se enteraba que yo no pasaría contigo por
trabajo. Me dijo ciento de veces que era una necia y que si no hacia algo al
respecto, irremediablemente te perdería. Llegó al extremo de darme un ultimátum
de un mes para que hablase contigo y te confesará lo sucedido y que mi divorcio
estaba aprobado.
No tuvo que cumplirlo porque tú, te adelantaste
viniéndote a esta ciudad y cuando ella, fue al aeropuerto apenas se enteró por
los padres de Sofí, casi me mata y me dijo de todo y que no quería verme
regresar a Santiago sin ti ─ confesó un tanto avergonzada
Mariela ─ Así que, no creo que mi familia sea un
obstáculo
en nuestra relación.
─ ¿En serio? ─
preguntó
dudosa Carla.
─ Verás, que cuando conozcas a mis padres y
hermanos, te llevarás
muy bien con todos ─ mencionó positivamente Mariela ─ tu forma de ser les encantará, ya que todos en mi
familia son bien independientes y con un sentido del humor muy parecido al
tuyo, un humor algo negro. En especial el de Romina.
─ Creo que ya me gusta tu hermana ─ soltó sin empacho Carla, viendo pícaramente a Mariela.
─ No abuses de tu suerte, Ramos ─ replicó en el acto, Mariela, con una mirada
severa ─ que yo te vea mirar con otros ojos a
mi hermana, porque te juro que no verás luz de día, que no sea del trabajo a
la casa.
─ ¡Uy! ─
exclamó
burlonamente Carla, secando algunas lágrimas que aún asomaban en su
mejilla ─ No conocía esa faceta tan celosa que te gastas,
Arquitecta.
─ ¡Eres tremenda! ─
enfatizó
Mariela, sacudiendo su cabeza ─ Puedes estar en la
peor situación
de todas, pero tu humor y coquetería siguen inmaculadas.
─ Me amas con eso o ¿no? ─
provocó
Carla ─ Así, me conociste y sabes, que es parte de
mi esencia o ¿quieres
que cambie? Porque lo hago si tu quieres, pero no te quejes después si me ves
con otros ojos.
─ ¡Ay señor! ─
exclamó
resignada Mariela ─ ¿de quién me vine a enamorar?
─ Yo te diré de quién te has enamorado, Arquitecta ─ respondió suelta de cuerpo Carla y ya más repuesta─ de la misma chiquilla que conociste en la
entrevista y de la cual no querías saber nada y que te parecía muy precoz para
todo. ¿Cómo fue qué dijiste?... ¡Ya sé!... ¡Prospecto de perfección!
─ ¡Uy! ─
exclamó
divertida Mariela, rascando nerviosamente su barbilla ─ Eres algo rencorosa, dulzura. No olvidas nada de
lo que digo.
─ Por supuesto que no ─
respondió
Carla, desafiándola
─ desde que te conocí, no he podido
olvidar nada de ti y jamás
pude sacarte de mi cabeza y mucho menos de mi corazón. Así que, ve olvidando
que un hecho así,
suceda.
─ ¡Me parece perfecto que no lo hagas! ─ repuso complacida Mariela y le robo un fugaz beso
a la joven contadora ─ porque no deseo que me saques de tu
vida como mucho menos de ese corazón que desde un principio fue para mí y lo será eternamente. Porque
eres solo mía, Carla y no voy a dejar que te vuelvas a separar nunca más de mí.
─ ¡Trato hecho, Arquitecta! ─ convino la joven y sus ojos cristalinos aún, brillaban como
nunca, pues lucían
radiante de expresar su amor por aquella mujer. ─
¡Has
firmado tu condena, Mariela Sopric! Y no habrá poder en este mundo que pueda
arrancarte de mi vida y si alguna mujer u hombre intenta alguna tontería
contigo, verá que de lo que soy capaz de hacer con tal defender lo que es mío.
─ ¡Caramba! ─
soltó
la exclamación
entre risas Mariela y sujetando la barbilla de su mujer, viéndola seriamente,
clavó sus ojos verdes en ella, al mismo tiempo que añadió─ Adoro cuando te vuelves así de celosa.
─ ¿Segura? ─
preguntó
de frentón
Carla, escudriñando
sus ojos.
─ Tan segura como lo que voy hacer ahora mismo ─ afirmó resueltamente Mariela y tomándola en brazos, la
llevó
hasta la cama y la acomodó
entre las almohadas. ─ Cierra los ojos un momento.
─ De acuerdo, Arquitecta ─ asintió Carla y se dispuso en cerrar sus
parpados.
Mariela, se levantó de la cama y se fue en busca de
su maleta que estaba en el armario y de ahí, extrajo un objeto y de otro
compartimento adyacente, sacó un pequeño ramo de rosas rojas y regresó sus
pasos hasta el lecho que yacía su pareja o que lo iba hacer dentro de muy poco.
Esta vez, se acomodó de tal manera, que inclinó su
cuerpo sobre la joven y una de sus rodillas quedó apoyada en el piso y su mano
derecha con las flores quedo pegada al pecho y con la otra acarició la mejilla
de aquella joven, que era su todo.
─ Ahora puedes abrir tus ojos, preciosa ─ demando cariñosamente Mariela.
Al momento de abrir aquellos ojos pardos, quedaron
de frente con el rostro de Mariela y delante suyo con un pequeño cofre abierto
con un…
─ Carla Ramos ─
susurró
Mariela ─ ¿Me harías el honor de ser mi novia? Y
de ser mi compañera de viaje, convertirte en mi esposa en unos meses más y en
la madre de mis hijos.
─ ¡Ah! ─
fue todo lo que balbuceó
Carla, porque su garganta se cerró en nudo que le impidió articular palabra
alguna de la emoción y nuevamente sus ojos se inundaron por completo y es que
eran muchas emociones para un solo día y su cuerpo comenzó a temblar de nervios
y alegrías al mismo tiempo.
─ ¡Mi vida! ─
exclamó
alarmada Mariela al ver la reacción de la muchacha y dejando a un lado el
cofre, se apresuró en limpiar sus mejillas de las lágrimas que corrían a raudal
─. ¿Amor qué sucede?, ¿acaso no te ha gusto?
¡Por
favor, no llores más
vida mía!
─ Yo… Yo ─
luchaba Carla entre sus emociones y el constante balbuceo ─ Claro que sí…me ha gustado, Mariela…Yo… ¡soy tan
feliz! …que no puedo evitar llorar.
─ ¡Entonces! ─
volvió
a preguntar Mariela, cuyos ojos también estaban acuosos a esas alturas─. ¿Aceptas ser mi novia?
─ Sí…Sí…Claro que acepto ser tu novia ─ respondió efusivamente Carla, abrazándola fuertemente ─ Y nada me harás más feliz que convertirme en tu esposa y
en ser madre de muchos niños
como mi Benja.
─ ¡Te amo, tanto bebé! ─
susurró
Mariela, besando los labios de su flamante y oficialmente, pareja ─ me dejas ponerte ese anillo, que he querido
hacerlo desde hace mucho tiempo.
Esta vez, la joven Ramos solo atinó en asentir con
su cabeza y Mariela, tomó entre sus manos la de la Carla y sacó uno de los
anillos que estaban en el cofrecito y sin dejar de verla a los ojos, dispuso la
sortija en su mano y le entregó el ramillete de rosas, que emocionaron aún, más
a la joven contadora y que no paró de llorar de alegría y es que razones tenía
de sobra. Habían sido 3 años de una lenta agonía de amar con toda su alma a la
Arquitecta y no poder concretar el ferviente deseo de su corazón de hacer una
vida en familia con la mujer que amaba con locura. Soportando tantas cosas y
miedos a la vez, pero que todo esfuerzo en la vida tiene su recompensa y ésta,
se encargó de darle el premio mayor a su tenacidad y lucha para quedarse al
lado de la persona que tanto amaba. La propia Mariela Sopric, ya no sería un
sueño lejano o incansable, sino que hoy se convertía oficialmente en su novia y
en un breve tiempo pasaría en ser la esposa de la Arquitecta.
─ Es tu turno, dulzura ─ instó Mariela, entregando el cofre.
La joven contadora, se inclinó un poco sobre las
almohadas y se dispuso en sacar la sortija de la cajita.
─ Mi adorada Arquitecta ─ comenzó diciendo Carla ─ desea usted, hacerme el honor de convertirse en mi
novia y mi amante eterna.
─ ¡Jajajaja! ─
Se carcajeó Mariela por la peculiar solicitud ─
Acepto encantada tu propuesta, mi sexy y pervertida, contadora. En ser tu novia
y tu amante de por vida.
─ ¡Perfecto! ─
exclamó
extasiada Carla, a la vez que deslizaba el anillo por el dedo de Mariela─ Ahora, ya somos oficialmente novias, Arquitecta.
¿Tiene algo qué decir? O calle para siempre.
─ Jajaja ─
estalló
en risas una vez más,
Mariela y reclamó
su boca en el acto y selló
su promesa de este modo─. ¡Me encantas tal cual eres, bribona! Es
lo único
que tengo que decir su señoría.
Carla, se dejó llevar por aquel beso y profundizo
la caricia, dando rienda suelta al sentimiento que se había anidado en lo más
profundo y recóndito de su corazón. Y que, a pesar de las circunstancias, no
mermo como se supondría; sino que estuvo por momentos en estado de letargo y que,
a partir de hoy, se abría la puerta de la libertad definitiva y no habría más
obstáculos que impidieran amarse totalmente como también más objeciones a su
cariño y vida en pareja.
Además, que el tiempo de espera, hizo que se fueran
pavimentando el camino para que una de las familias de las protagonistas,
fueran adaptándose a los hechos y a la nueva condición de una de estas mujeres
y terminaron por coger cierto cariño y simpatía por la otra parte involucrada
en esta historia. Sin mencionar el hecho más importante y es que ellas tenían
un hijo que las estaba esperando con ansiedad y para llevar tan solo un día
transcurrido de la separación con el niño; estaba causando estragos en casa de
sus abuelos y tíos con sus constantes preguntas de la hora en que regresarían
sus mamis y si ya podía ir a buscarlas al aeropuerto. Provocando que la familia
de la Arquitecta Sopric, cruzara los dedos y rogaban por que su hija regresara
lo antes posible con su pareja o de lo contrario, serían horas muy largas con
el pequeño terremoto.
Mientras la familia Sopric Meyer, vivía su propia
secuela de esta historia en casa. Las dos mujeres estaban consintiendo a sus
corazones por medio de un lenguaje corporal que ellas conocían tan bien y que,
desde su primer encuentro, disfrutaban de una forma tan placentera que solo los
amantes pueden hacerlo.
Aquellos besos fueron llevándolas a que sus cuerpos
despertaran de inmediato a viejas e intimas vivencias que las llevo a despertar
el deseo más candente de todos y la lujuria se vistió de fiesta en su piel como
en su ser entero.
No es un cliché decir que la temperatura en aquella
habitación subió tan rápido en la medida que la pasión las fue envolviendo y
sus prendas de vestir, quedaron esparcidas a lo largo de todo el cuarto y dónde
primero cayese. Hasta el bello ramillete de rosas, quedo relegado en un rincón
a los pies de la cama, ya que sus dueñas estaban en una batalla campal y sin
igual en demostrarse y prodigarse todo el cariño y caricias que sus cuerpos
anhelaban y necesitaban para respaldar el amor expresado a través de las
palabras.
Solo la silueta de una espalda desnuda de una piel
tersa como blanca con varias pecas que se dejaban ver y sus largos cabellos
dorados se perdía en ella, alborotado como húmedo por el calor de la pasión. Y
que mantenía una posición dominante sobre el cuerpo que yacía bajo suyo.
Sus labios devoraban la boca de su amante en juego
de lenguas que trataban de someterse una a la otra, en demostrar el dominio de
una sobre la otra. Un beso puede serlo todo y decir más que mil palabras, pero que,
en un momento de lujuria total, se vuelve la mecha perfecta para desatar el
mismo infierno pasional que cada pareja experimento en el más bello acto de
amor y entrega que se pueda vivir y desear.
En sus rostros acalorados, varias gotas de sudor se
desprendían de sus poros y se perdían en loca carrera a lo largo de todo el
cuerpo. Dejando tan húmedas aquellas sabanas, testigos del fuego desatado entre
esas dos mujeres.
Sus manos mantenían otra batalla propia. En las que
las de una se perdían a lo largo de aquella espalda desnuda, siguiendo un lento
y tortuoso camino de arriba abajo en la medida que las uñas se arañaban
sensualmente la piel, dejando un rastro rojizo en todo su trayecto. Respondiendo
al deseo y la tortura que la desataba aquella rubia provocaba en todo su
cuerpo. A su vez, las otras estaban de lleno en uno de sus senos y castigaban
sensualmente aquella zona erógena de la morena que yacía abajo del otro cuerpo
y su otra mano, se perdía juguetonamente en la entre pierna y avanzaba sin
impedimento hacia el interior de la joven y encontraba entre la humedad y
palpitación de su amante, el objeto de sus deseos.
Al ser encontrado aquel tesoro, desafió todo obstáculo
y se sumergió con alevosía y añoranza en el centro mismo de la femineidad de su
amante y al reclamar su premio, hizo que interrumpiera aquel beso, separándose
unos escasos milímetros y unos ojos verdes completamente oscurecidos por el
deseo, vieran con total adoración a su pareja.
─ Reclamaré este derecho cada noche de tu vida
hasta que la muerte nos separe ─ murmuró Mariela con un dejo
muy posesivo, sin dejar de verle como de torturarla y que con aquel movimiento
provocó
que su amante alcanzara su clímax total, arqueando su columna y una serie de
espasmos la sacudieran por completo.
Unos segundos después, en que la calma retornó al
cuerpo y el letargo la envolvió. Aquella morena, clavó sus ojos pardos en los
de su amante y una sonrisa comenzó a dibujarse, primero en forma tímida para
luego cobrar fuerza y ser el fiel reflejo de la dicha plena que la embargaba.
─ No sabes cuánto te amo, Arquitecta. ─ susurró Carla, llevando su mano hasta la
mejilla de su pareja y acariciando toda ésta. ─
me faltaran días para demostrártelo.
─ Carla… ¡mi bello amor! ─ exclamó enternecida Mariela, dejándose mimar por las
caricias de la joven. ─ ¡Sólo ámame por el resto de tu vida!
─ Cuenta con ello, mi amor ─ murmuró feliz Carla y atrajo el cuerpo de su
mujer y lo envolvió con sus brazos hasta conseguir su completo abandonó y de un
momento a otro, invirtió los papeles.
─ ¿Qué haces amor? ─
inquirió
sorprendida Mariela ante la maniobra de su mujer.
─ Es mi turno de hacerte padecer, mi sexy Arquitecta
─ susurró coquetamente Carla, en el oído de su
novia ─ ten presente lo que ya te dije una vez…
─ ¿Qué cosa? ─
alcanzó
a preguntar Mariela.
─ Que ibas a repetir mi nombre miles de veces
mientras te hacía
el amor ─ murmuró entre dientes Carla y con una sonrisa
de lo más
pervertida que se hubiese visto.
─ Car…la ─
balbuceó
Mariela, cuando fue silenciada por los labios de la joven y sus manos se
pusieron a trabajar de inmediato y comenzaron su lenta y placentera tortura.
Y la amenazo se cumplió a cabalidad porque la joven
Arquitecta, llamó una y otra vez a su amante en todo lo que duró el escarnio en
que la sometió y la hizo vivir y sentir como nunca antes, quedando su corazón
complacido y lleno de júbilo. Mientras que su cuerpo quedo aletargado, sudado y
sin fuerza alguna para poder contra atacar y devolver el favor a su compañera.
Horas más tardes, unos ojos pardos disfrutaban
viendo el cuerpo desnudo de su pareja sobre el lecho. Estaba tan relajada y
lucía tan feliz, que era un pecado interrumpir tanta dicha.
─ Amor ─
susurró Carla, muy cerca del oído de su novia.
No hubo respuesta alguna, por lo que debió
insistir.
─ Amor ─
murmuró
un poco más
alto Carla ─ Es hora de despertar mi bella
durmiente.
Un gruñido es todo lo que se oyó en respuesta…
─ Mi bello ángel, despierta ya ─ susurró con cariño Carla y movió el cuerpo de su
pareja para conseguir su objetivo.
─ ¡Oh Cary! ─
masculló
dormida Mariela ─ vuelve a dormir un poco más.
─ ¿Cómo me llamaste? ─
preguntó
en un tono grave Carla y le dio un pellizco en su nalga.
─ ¡Por Dios, Carla! ─
exclamó
con espanto Mariela, que se incorporó de un salto y sobaba su parte intima ─ Esas no son formas de despertar a tu mujer,
dulzura mía.
─ Jajaja ─
soltó
una carcajada Carla y al ver el semblante de su novia, se tapó la boca con su
mano y añadió. ─ Lo siento, pero debía despertarte de una
forma u otra.
─ Ok ─
convino con resignación
Mariela ─ ¿por qué te sorprende que te haya llamado Cary?
─ Es que tú nunca me has llamado de ese modo ─ respondió Carla ─
solo mi familia me llama así, en especial mi yayo. Ahora, dime ¿Cómo lo sabes?
─ Será porque tu yayo me lo dijo ─ confesó traviesamente Mariela, guiñando un ojo.
─ ¿Ustedes dos ya se conocen? ─ preguntó con curiosidad viva Carla.
─ Así es. ─
respondió
Mariela ─ él nos indicó hacia dónde ustedes se
dirigían. Por cierto, es un hombre muy simpático y peculiar.
─ ¿Peculiar por qué? ─
inquirió
Carla, confundida.
─ Por que tu yayo, me confesó que está esperando que la última de sus nietas,
le dé
bisnietos muy pronto ─ confidenció Mariela, marcando con
énfasis eso último.
─ ¡Ay no! ─
exclamó
con desgano y martirizada Carla ─
Mi yayo es un bocón.
No debió
ventilar aquello contigo. Apenas se entere de que tú eres mi pareja, no
va a dejar de fastidiarme con el asunto y va a contar los días en el
calendario, una vez que sepa que puedo estar embarazada. ¡Qué suplicio el mío!
Mariela, no sabía si reírse de buena gana ante la
expresión sublime de su mujer o preocuparse del tema, porque tendrían que
solucionar aquello.
─ ¿Y cuál sería el problema? ─ preguntó con ternura Mariela, tras meditar unos
segundos.
─ Los hijos, Mariela ─
respondió
seria Carla ─ los niños no los trae la cigüeña y menos en nuestro
caso.
─ Insisto, ¿Cuál es el problema? ─ indagó Mariela, de lo más relajada y sin
preocupación
alguna─ Nos pondremos en campaña cuanto antes y
asunto resuelto.
─ ¿Estás de broma? ─
inquirió
pasmada Carla ─ ¿cómo que asunto resuelto?
─ ¡Mi Cary! ─
mencionó
con dulzura Mariela ─ Debo recordarte que tú y yo, ya tenemos un
hijo, él
que nos ama mucho y se lo presentaremos a tu yayo. Y que, además, que, si se trata
de darle un hermanito, será un placer dejarte embarazada y aumentar la
familia.
─ ¿Dejarme embarazada? ─
aulló Carla ─ ¿te volviste loca o qué? ¿Cómo vas hacer eso?
─ Muy simple ─
rebatió
con una sonrisa gigante Mariela y se acercó al oído de su pareja y le susurró un secreto que dejo
a su pareja roja hasta las orejas y finalizó con lo siguiente ─ ¿qué me dices?
─ De todas las mujeres de este mundo, me tuvo que
tocar las más
pervertida de todas ─ se lamentó Carla y suspiró profundamente ─ En fin. Tú ganas, pero una cosa te advierto desde
ya Sopric, quiero cuatro hijos no más. No quiero ser mamá conejo.
─ ¡Jajaja! ─
estalló
en risas Mariela y tomó
en sus brazos a su mujer y la besó con pasión ─
Adoro cuando aflora esa faceta de rebelión, te ves realmente tan apetecible.
─ ¡Sopric! ─
advirtió
peligrosamente Carla.
─ Ok…Ok ─ repuso enseguida
Mariela sin dejar de sonreír ─ Por cierto, dulzura… ¿por qué me despertaste?
─ Porque ya son las 5 de la tarde y porque llamó tu mamá a tu celular y pidió qué le devolvieras la
llamada ─ explicó Carla ─
Además,
de decirte que hace unos minutos atrás vino Sofía a buscarnos para almorzar
y nos daría unos momentos para que nos reuniéramos con ellas en el comedor del
hotel.
─ ¿Las 5? ─
exclamó
con espanto Mariela ─ ¡Mi Dios! Con razón Sofí, nos vino a buscar.
Pasó
volando el día
y quedamos de almorzar juntas las 4.
─ ¡Aha! ─
se mofó
Carla y se levantó
de la cama y se dirigió
al baño
y desde ahí,
agregó
─ Entre más te demores, tanto peor para ti,
Arquitecta. Además, quiero ver qué explicación le vas a dar a Sofía.
─ No me ayudes tanto, dulzura ─ reprendió Mariela, lanzándole una de sus
miradas y saltó
de la cama con dirección
al baño─ ¿Y qué esperas para bañarte conmigo? Se nos
hará más tarde si nos duchamos por separado.
─ Lamento contradecirte, Arquitecta ─ soltó Carla, que buscaba sus ropas del sillón ─ Pero ya me bañé antes de despertarte.
─ ¡Cómo eres! Te aseguro que más tarde recibirás tu castigo, lindura
─ amenazó sensualmente Mariela y antes de entrar
directo al baño, se percató de lo que hacía su novia. ─ ¿Qué haces con esas ropas?
─ ¿Qué crees tú? ─
contra preguntó
Carla y se encogió
de hombros ─ Debo vestirme, cariño.
─ Deja eso, bebé ─
señaló Mariela, que se
devolvió
y le quitó sus ropas y la llevo hasta el armario y le mostró. ─ Traje ropa de recambio para ti. En el aeropuerto
aproveche de comprarte pues sabía que iba a necesitar mudas al estar conmigo en el
hotel.
─ ¡Vaya, que novia más lista e inteligente tengo! ─ exclamó admirada Carla, que la abrazó y acercó sus
labios al de su pareja y la besó con mucha dulzura. ─ Mereces que te acompañe a tomar esa breve
ducha ¿te
tinca?
─ Claro que sí ─
afirmó
Mariela, tomándola
en brazos y llevarla al baño, sin dejar de besarla ─ eres el mejor premio de todos.
Al cabo de unos intensos minutos. La pareja ya
alistada, se reunía en el comedor del hotel con otra joven pareja, que las
miraban divertidas.
─ ¡Al fin das señales de vida, Mar! ─ se burló Sofía al momento de llegar tomadas de la
mano.
─ Discúlpame, Sofí ─ se excusó ésta, tomando asiento en la mesa que
estaba su amiga y socia con su pareja, pero antes acomodó la silla para que su
novia tomará
asiento. ─ El tiempo pasó volando y no me di
cuenta.
─ ¡Vaya! ¿Quién lo diría que tú llegarías tarde a una reunión?
─ acusó divertida Sofía, viendo como los colores
escarlatas se presentaban en el rostro de su amiga ─ Es una fecha histórica que habrá que apuntar en el
calendario para la posteridad.
─ ¡Ya no te burles, Almagro! ─ protestó Mariela con pica ─ hay cosas que se escapan de las manos y esto lo
que diré
por justificación.
─ ¿Entonces? ─
preguntó
sin rodeos y de lleno, Sofía. ─ ¿En qué están?
─ ¡Disculpa! ─
exclamó
Mariela, sin comprender muy bien. ─
¿A
qué
te refieres con la pregunta?
─ Cariño, lo que Sofía quiere saber es en
qué
situación
estamos nosotras ─ aclaró Carla, siendo más intuitiva que su
pareja.
─ ¡Ah eso! ─
Mencionó
Mariela y tomando la mano de Carla entre las suyas ─ lo siento, estoy algo distraída. Sofí, Flo, quiero que
sean las primeras en saber que Carla y yo, arreglamos nuestras diferencias y a
contar de hoy, ya somos novias oficialmente.
─ ¡En hora buena! ─
exclamó
feliz Sofía,
que se levantó
de su asiento y abrazó
a su mejor amiga. ─ No sabes el gusto que me da saberlo.
─ Mil gracias, Sofí ─
dijo emocionada Mariela.
Por su parte, Florencia, sin pensarlo mucho desde
su lugar abrió sus brazos e invitó a su amiga…
─ ¡Felicidades Carlanga! ─ murmuró Florencia, muy contenta con la noticia
y al oído
le susurró
muy bajito. ─ Te lo mereces más que nadie y porque
tu amor supo prevalecer por sobre las circunstancias.
─ Gracias, Flopy ─
respondió
Carla, que se abrazó
tan fuerte a su amiga y sus ojos otra vez se inundaron con lágrimas rebeldes que
se negaban a irse. ─ Perdóname por utilizarte y hacer que
mi mujer viniera tras de mí.
─ No te disculpes, Carla ─ rebatió de inmediato Flo y rompiendo el abrazó, la quedo viendo
fijamente. ─ Yo en tu lugar hubiera hecho lo mismo
y por favor, no llores más.
No más
lágrimas,
debes estar feliz y disfrutar de tu amor con Mariela. Es todo lo que debe
importar ahora.
─ ¡Lo soy, Flopy! ─
balbuceó
Carla sin poder contenerse y su llanto brotó sin control ─ Son lágrimas de alegría porque soy muy
feliz…Y
yo…yo…Estoy muy sensible
hoy.
Aquellas palabras cargadas de emoción y el mismo
llanto, hizo que de inmediato las otras dos mujeres reaccionaran ante la
situación algo preocupadas.
─ ¿Mi vida qué sucede? ─
preguntó
angustiada Mariela, que la tomó entre sus brazos─
¿por
qué
lloras así
bebé?
─ No es nada ─
susurró
Carla, tratando de calmarse y recuperar la compostura.
─ Mariela, tu novia está muy sensible por
tantas emociones ─ indicó Florencia, viéndolas con ternura ─ Creo que necesita que la consientas un poco.
─ ¿Es verdad eso, amor? ─
inquirió
Mariela, acariciando su mejilla.
─ Sí ─ se desprendió aquella respuesta de
los labios de Carla, como un todo.
─ Prometo hacerlo el resto de mi vida ─ repuso fervientemente Mariela y sellando su
promesa con un pequeño
beso. ─ dedicaré cada segundo en recuperar el tiempo
perdido y procurar tu dicha.
─ Amor ─
murmuró
Carla ─ te amo más que a mi vida.
─ Lo sé ─
afirmó
Mariela ─ lo he sabido desde siempre y mi corazón lo supo desde
aquella entre vista y te adora como no tienes idea.
─ Mariela ─
exclamó extasiada Carla y solo se aferró al abrazo y guardó silencio,
escuchando solo el palpitar del corazón de su amada y una delicada sonrisa se
bordó en sus labios.
Mientras la pareja se entregaba en ese abrazo,
Sofía, secó unas lágrimas que comenzaban por escabullirse ante la emoción de
ver la dicha que hoy disfrutaba su mejor amiga y sabedora de lo que debió
sufrir a causa de su amor y, sin embargo, hoy no habría más dolor o decepción,
sino un nuevo escenario se abría apara aquella pareja, uno que recompensaría
cada lágrima, cada privación o negación, cada silencio, temor y angustia que
tuvieron que vivir. Simplemente ahora, sería distinto ya no habría obstáculos
que le impidieran estar juntas y darle carta abierta a sus corazones para que
expresaran libremente sus emociones como su sentir.
─ ¿Estás bien, mi vida? ─
preguntó
Flo, secando ella misma con su pañuelo una última lágrima que se escabulló por su mejilla.
─ Sí, cariño ─
respondió
enseguida Sofía
y abrazó
a su mujer ─ Creo que, sin temor a equivocarme, que
hoy es el mejor día
de nuestras vidas.
─ También lo creo, Sofí ─ corroboró Flo y junto a su novia, observaban a
la otra pareja.
Fueron unos hermosos y breves momentos que
disfrutaron las dos parejas antes que un garzón, les interrumpieran.
Ambas parejas, rompieron el encanto del momento y
volvieron a sus lugares en la mesa. Cuando les entregaron la carta con el menú.
Ambas Arquitectas dejaron que sus parejas como dueñas de casa fueran las que
les escogieran el mejor platillo de la zona patagónica. Entre brindis, la
comida y una grata conversación las cuatro mujeres compartieron durante una
hora y treinta. Dónde acordaron ir juntas a visitar la casa de los abuelos de
la joven Ramos y así, ser presentada Mariela como su novia. Y sería al día
siguiente, sería el turno para visitar el hogar de la familia Villar y el turno
de Sofía de conocer a sus suegros como cuñados.
Finalizado el almuerzo; algo fuera del horario pero
que debió ser necesario por no haber ingerido alimento en todo el día.
Recogieron sus bolsos y siguieron su curso de conocer a los familiares de sus
novias. Lo que provocó una gran sorpresa en el caso de Carla, ya que su Yayo
quedo perplejo de ver a su nieta menor con una mujer y más de saber que ya
tenía un hijo y a él no se le había dicho nada al respecto.
Fueron unos minutos algo tenso para la pareja como
para las demás, pero que gracias al gran cariño que el hombre mayor sentía por
su pequeña Cary, que decidió darle una oportunidad a la Arquitecta sin antes
advertirle que si hacía sufrir a su adorada nieta tendría serios problemas y
que le daba plazo de unos días para que le trajesen a su bisnieto o de lo
contrario él mismo viajaría a la capital en busca del pequeño.
Mariela, respiró aliviada cuando salieron de casa
de los abuelos de su pareja, ya que le dio un poco de pavor dicho señor al ser
tan tajante y sobre protector con su nieta. Sin embargo, le fue tan grato para
su corazón escuchar que aquel hombre deseara conocer a Benjamín. En ese aspecto
ya era un gran avance. Aunque en su fuero interno, sabía que los hombres de la
familia Ramos, eran un tanto difícil de tratar y que tendría que lidiar con eso
por un buen tiempo hasta que ellos terminaran de aceptarla como un miembro más
de esa familia. Les gustase o no, ella formaba parte de la vida de Carla, era
su pareja, su novia y en un tiempo más serían esposas según las nuevas leyes de
Chile, que les otorgaba el derecho a unirse bajo la unión civil. Y eso las
convertiría en esposas ante la ley y nada ni nadie podría evitarlo; ya bastante
habían sufrido a causa de un tercero como para permitirles a otros el derecho
de ser felices y formar un hogar como todos los seres humanos, porque jamás se
debe olvidar que una persona con una orientación sexual distinta, tiene los
mismos derechos y deberes que el común de la gente ante la sociedad.
Las horas pasaron más que volando entre reuniones
familiares, fortaleciendo lazos y que, además, les permitió compartir y conocer
lo mejor de la región en los dos días extras que se quedaron con la promesa de
que en dos semanas se reunirían las cuatro familias en casa de los padres de la
Arquitecta Almagro para colocarse las ilusiones de compromiso ante toda la
familia y así, darle el lugar que se merecían sus respectivas parejas.
El reloj del aeropuerto marcaba las 18:30 cuando un
Airbus de Lan, tocaba la loza del aeropuerto teniente Merino y 15 minutos
después, cuatro chicas salían de la sala de embarque con un prominente
cansancio en sus ojos, ya que el viaje demoró más de la cuenta a causa del
clima.
Al cruzar las puertas de arribos y entre el tumulto
de personas que esperaban a sus seres queridos como encargados del servicio de
transporte. Un par de pequeñas piernas se abría paso corriendo y con sus
manitas, trataba de apartar aquellos adultos que interrumpían su trayectoria,
provocando el asombro entre las personas por la prisa que llevaba.
─ ¡Mami…Mami! ─
gritó
un pequeño
niño
y se abalanzó
de lleno sobre las piernas de una morena de ojos pardos.
─ ¡Mi príncipe bello! ─ exclamó con orgullo Carla, tomando en brazos a su
hijo y lo llenó de besos. ─ has venido a
buscarme. ¿Has
extrañado
a mamá?
─ Sí ─ murmuró el pequeño Benja, abrazando el
cuello de Carla ─ Te extraño mucho ¿Mami ya no se irá más?
─ Príncipe, mami se quedará con nosotros para siempre ─ se apresuró en responder Mariela, que se sobrecogió al ver a su hijo
preguntarle de esa forma.
─ ¿Verdad mami? ─
preguntó
con Benja, separándose
del cuello de Carla y tomando su cara entre sus manitas y sus ojitos brillaban
intensamente.
─ Así es mi niño hermoso ─ contestó Carla, emocionada y radiante ante su
hijo ─. A partir de hoy me quedaré contigo y con mami
Mariela. Y nos quedaremos unos días en mi departamento hasta que
compremos una nueva casa para vivir los tres, ¿te parece bien Príncipe?
─ Sí…Sí ─ respondió feliz el niño, llenando de
besitos la cara de su mami.
─ ¡Ya, ya Benja! ─
ordenó
una voz de mujer a espaldas de ambos─
deja a tu mamá
tranquila un momento.
Carla, se giró con el niño en brazos y quedo de
frente con una rubia de larga cabellera, de ojos azules y tan alta como cierta
mujer que ella conocía tan bien…Mariela. Aquella mujer era idéntica a su novia,
salvo por el color de ojos y lunar que tenía cerca de la barbilla.
─ Soy Romina, hermana y gemela de Mariela ─ saludó ésta, extendiendo cordialmente su mano
hacia la joven Ramos ─ Tenía muchas ganas de conocerte cuñada.
─ Hola, Romina ─
saludo algo perturbada Carla, que acomodó bien a su hijo en sus brazos y estrechó la mano de la gemela
de su novia. ─ El gusto es mío en conocerte.
─ Amor…Dame a nuestro hijo ─ ordenó la mismísima Mariela ─ Bandido ¿No piensas saludar a tu mamá?
─ Te amo mami ─
dijo Benja ya en brazos de la Arquitecta y lleno de besos el rostro de su mamá.
─ Yo también te amo mucho, mi Benja ─ señaló Mariela, acariciando el cabello dorado de su
hijo ─ y cumplí mi promesa de traer a casa a mami
Carla ¿estás feliz ahora mi príncipe?
─ Sí ─ afirmó el pequeño Sopric y volteó a ver a su otra mamá ─ ¡Vámonos ya a casa mami!
─ Jajaja ─
rompió
en risas Mariela y guiñando un ojo a su mujer ─
Creo que nos salió
algo demandante nuestro pequeño ¿no te parece amor?
─ No, porque en ese aspecto se parece mucho a mí ─ soltó sin empacho Carla, alzando su barbilla
desafiante y depositando un beso en la mejilla de su hijo y otro en los labios
de su pareja─ reclama sus justos derechos (arrebatándole a Benja de sus
brazos y llevándoselo
consigo)
─ ¡Ups! ─
exclamó
Romina risueña,
animando a su hermana para que fueran con el resto de la familia que los
esperaba un poco más
retirado y de paso saludó a las otras dos chicas ─
de tal palo tal astilla. Por cierto, son tal para cual ─ susurró en el oído de su gemela.
─ ¡Son madre e hijo! ─
expuso Mariela, más
que orgullosa y respondió
de igual forma a su hermana ─ Ella es perfecta
para mí en todos los sentidos y seguiré tu consejo, la haré mi esposa muy
pronto.
─ Es la mejor noticia que puedes darme ─ acotó Romina ─
ya pensaba que tendría
que cumplir mi amenaza.
─ No fue necesario hermanita ─ corrigió Mariela, muy pícara ─ te dije que yo puedo resolver las cosas con mi
mujer.
Ambas hermanas estaban tan sumidas en su plática
que no se percataron de que dos personitas habían detenido abruptamente su
caminar y unos ojos pardos les observaba con curiosidad. Escudriñándolas
detenidamente a las dos rubias y encontrando de inmediato las diferencias entre
una y la otra.
─ ¿Vienes Arquitecta? ─
instó
Carla, y bajando al piso a su retoño, para coger su manita entre las
suyas, añadió. ─ Esperan por nosotras mi vida y demorar más, es una falta de
educación.
─ Voy dulzura ─
Se apresuró
en decir Mariela y cogió del brazo a su hermana y apresuraron el paso y con una
sonrisa boba en los labios, añadió ─
estoy contigo en un momento preciosa.
─ ¡Wow! ─
exclamó
sorprendida Romina ante la actitud de su hermana. ─ Si no lo veo, no lo creo. La impecable e
intratable Arquitecta Mariela Sopric Meyer, siendo manipulada sutil y
educadamente por su novia. Esto es algo histórico y memorable que amerita
pasarlo al récord Ginés.
─ Jajaja ─
fue la sonora carcajada que se escuchó detrás de ellas y provenía nada menos que de
Sofía, que guardaba silencio con su novia. ─
Te aseguro que Mariela, ha roto muchos récords en este día al dejar de lado su
pulcro comportamiento, ¿puedes
creer que tu hermana ha llegado tarde a una reunión?
─ ¿Mi hermana llegando atrasada a un lugar? ─ inquirió Romina con tamaños ojos ─ ¡No lo puedo creer! ¡Dios, existen los milagros! Gracias, Señor. Al fin alguien
pudo romper la obsesión
horaria de mi hermanita y se comportará como una persona normal… ¡Qué gran día!
─ Cuenta conmigo para poner el nombre de Mariela en
el Ginés ─ Secundó Sofía, muy divertida con el asunto en
cuestión.
─ ¡Oigan ustedes dos! ─
confrontó
Mariela, ─ Ni crean que se saldrán con la suya, solo
fue un pequeño
desliz horario nada más
y diremos que el amor fue el culpable de ello.
─ ¡Aha! ─
exclamaron Sofía
y Romina y ésta
última
agregó
─ ¿segura que tu novia estará de acuerdo con ello?
─ ¡Por supuesto que sí! ─
Se integró
a la conversación
Carla, que alcanzó
a escuchar. ─ yo amo como es ella y no cambiaría su forma de ser en
ese sentido. Aunque muchos no estén de acuerdo, es una cualidad que la hace
única. Y espero que nuestro hijo sea igual como su madre.
─ ¡No ven! ─
Se burló
Mariela, obsequiándole
un beso a su mujer y tomando la manita de Benja, añadió. ─ Se los dije. Ella es perfecta para mí.
─ ¡Qué horror! ─
exclamó
Romina consternada de oírlas
y viendo a Sofía
que reía
junto a su novia ante las palabras de su socia. ─
Ahora me doy cuenta porque son tal para cual… ¡Dios nos libre de dos maniáticas del tiempo!
─ Jajaja ─
estallaron en risas las cuatro mujeres al comentario de la segunda chica
Sopric.
─ Te falto incluir a nuestro príncipe ─ acotó divertida Mariela.
─ Hazte a la idea, Romina ─ instó Sofía ─
Y como dice el dicho: Si no puedes con ellas, únete.
─ Lo pensaré ─
respondió
dubitativa la joven Sopric, rascando su barbilla. ─ Definitivamente lo pensaré.
Mariela, vio por el rabillo de su ojo a su gemela y
pudo apreciar que a pesar de las palabras recientemente. El rostro de su
hermana lucía tranquilo y al notar la mirada inquisidora de su gemela, Romina,
sonrió ampliamente puesto que fue capaz de constatar que la joven contadora,
era la persona correcta para su hermana y con ella había encontrado el amor, la
paz y la dicha. Definitivamente, Mariela Sopric, ya no era la misma y se podía
notar en sus ojos. Ya no estaban fríos y distantes como solía lucir su mirada.
No emanaba ese aire de supremacía y arrogancia que tanto la destacó en su niñez
como adolescencia. Podía percibir la ternura reflejada en sus verdes ojos cada
vez que veía a su pareja, mirarla con adoración y apreciar la serenidad de sus
mejillas al estar con sus dos seres más queridos, su mujer y su hijo.
Sin duda que la Arquitecta Sopric hoy era feliz e
irradiaba esa dicha al estar junto a la mujer que amaba y para Romina, que
vivió todo el proceso del divorcio y embarazo de su hermana; aquello era motivo
de gozo al comprobar que después de pasar un tiempo difícil y complejo, en que
el dolor y el miedo hicieron mella en la vida de dos mujeres que el único daño
que pudieron hacer fue enamorarse y que no pudieron evitar lo que sentían. Por
más que lucharon contra sus sentimientos, fueron incapaces de impedir que el
amor triunfara a pesar de legalmente no podían estar juntas.
Moraleja, nada, ni nadie pueden evitar que dos
corazones se encuentren en el camino de la vida y concreten unirse en el único
lenguaje que conoce…El Amor.
Las cinco chicas se reunieron con el resto de la
familia Almagro y Sopric, quienes las recibieron afectuosamente y emocionados
de tenerlas de regreso. Sin contar que, entre esas personas, se hallaba, Casy,
que las abrazó emocionada entre lágrimas y nervios. Las llenó de preguntas y
palmadas de reprimendas a Carla como Florencia y les prohibió alejarse
nuevamente de la vida de sus socias y amigas y mucho menos de la empresa,
porque para ella, Ramos y Villar, eran la espina dorsal de la constructora y
pronto lo descubrirían en una pronta reunión que se llevaría a cabo en las
oficinas de Almapric.
Mucho después de una larga reunión en casa de los
padres de Mariela y dar la bienvenida a Carla a la familia. La pareja se
trasladó al departamento de la contadora y tras acomodar las cosas de la
Arquitecta y Benjamín. Llevaron al pequeño a un baño y juntas leyeron un cuento
a su hijo como era costumbre. El pequeño Sopric, rápidamente se quedó dormido
producto del cansancio y la ansiedad de esperar a su mami.
Luego de ello, ambas mujeres quedaron a solas en la
intimidad de su alcoba y a pesar de que el reloj marcaba la media noche.
Comenzaron con un lento ritual de caricias y besos que las llevo a revivir y
disfrutar de un lenguaje corporal que despertaba la pasión y el amor que ambas
se profesaban casi muy tiempo después de conocerse en aquella entrevista que
cambió el curso de sus vidas.
Momentos más tarde…
─ ¡Bienvenida a casa amor! ─ susurró Carla, pegada a los labios de su
mujer.
─ Cary ─
murmuró
Mariela, acariciando el rostro de su pareja. ─
No puedo ser más
feliz, mi amor de tenerte de regreso conmigo y al fin podamos ser una verdadera
pareja ante los demás y que tengas el lugar que te mereces en mi vida. El de mi
mujer, esposa y la madre de mi hijo. Ya no tendremos que escondernos y mucho
menos temerle a otra persona e impida que podamos estar juntas y disfrutar de
nuestro amor.
─ ¡Mi dulce Arquitecta! ─
exclamó emocionada Carla, apoyando su cabeza sobre el pecho de su novia. ─ no dejaré que vuelvan a lastimarte como lo hizo,
Ricardo.
─ Mi Cary ─
susurró
Mariela, besando los cabellos de su mujer ─
yo tampoco dejaré
que te nadie te amenace del modo en que él lo hizo. De ahora en adelante,
lucharemos juntas para fortalecer nuestro amor como para formar una hermosa
familia.
─ Te prometo que muy pronto le daremos un hermanito
a nuestro príncipe
─ mencionó Carla, levantando su rostro y jugando
con uno de sus dedos en la nariz de la Arquitecta. ─ Quiero llevar en mi vientre a tus hijos y verlos
crecer cada día.
Voy a recuperar el tiempo que me privaron de Benja al igual que contigo. Voy a
dedicar toda mi vida, tiempo y esfuerzo en hacerte feliz Mariela.
─ ¡Oh bebé! ─
exclamó
emocionada Mariela, que sentía un nudo en la garganta tras oír aquellas palabras
de parte de su ahora, novia. ─ Es una promesa que
también
voy a cumplir de igual forma.
─ Te amo tanto, Mariela ─ susurró Carla y acercó su boca a la de su
pareja.
─ Y más te amo yo, Carla ─ murmuró Mariela sobre los labios de ésta, antes de dejarse
llevar por su sentir y necesidad de amar aquella mujer que desde el primer
instante la enfrentó
sin temor alguno y luchó
con todas sus fuerzas para conquistarla.
Las vueltas de la vida son, eso. Una vuelta que
debes revertir a tu favor cueste lo que cueste.
3 comentarios:
WAAAAA, me desmayooo jejejejeje, valio la pena tanta espera, un capítulo genial, ni tengo palabras para describir la emoción que siento, esperare con ansias los otros capítulos de esta súper historia, te felicito la verdad, saludos desde México.
Maravilloso, me encanto la historia. Realmente captas la atención; siempre es un placer seguir tús escritos, felicitaciones.
Oh!!!..diosa de la santa escritura..que capítulo, difícil de describir lo que te hace sentir al ir leyendo.Realmente señorita un supermegagrandioso y emocionante capítulo.Felicitaciones por tus historias son geniales...Así como ellas esperaron tanto tiempo para ser felices..así estare yo esperando, no importa el tiempo que te tardes vale la pena la espera...Nos vemos y que estes bien...
Publicar un comentario