Capítulo 20
Hora pactada, retomando el pasado
(reencuentro de Calixta y Patricia)
Aunque ha
pasado mucho tiempo y no necesita rendirle cuentas a nadie a estas alturas de
la vida, no quita que sea precavida y tome resguardos de ciertos asuntos como
es su privacidad.
Conocedora de cómo funcionan la sociedad en que se desenvuelve y manteniendo los límites y parámetros con su familia sanguínea, en especial su padre; no le es difícil conllevar su eficiente faceta profesional, empresarial, deportista y filántropa con todo lo que se relacione al emprendimiento de jóvenes universitarios; con la vida en paralelo a su lado más oculto y privado.
Es bien
sabido que muchos miembros del mundo del sado son personas muy pulcras,
elitistas en algunos casos y de bajo perfil a todo lo que mueve el mundo en lo
concerniente a la sobre exposición de los medios y la farándula criolla. Nunca
verías a uno de ellos en los tabloides. Eso es considerado una vulgaridad.
En este mundo
se conocen unos a otros, pero se mueven en las sombras sin despertar mayor
zozobra. No les atrae buscar notoriedad en este estilo de vida que han escogido
y que protegen ferozmente, he ahí de porque tienen muchos resguardos y normas.
Es íntimo y personal, es como lo definen.
Aunque se
caracterizan por ser fuertes, controladores, proveedores y seguros de sí
mismos. Tienden a olvidar un hecho muy particular que es su humanidad y la
fragilidad de ella. No están exentos de vivir situaciones que están más allá de
su control y lo expuestos que podrían estar de algún modo, lo quieran o no.
Es el caso de
nuestra morena que no dejaba de observar como las manecillas del reloj se
mueven tan lentamente que parecen haberse detenido por instantes. Lo que hace
que su ansiedad comience a resentirse.
Con su dedo
pulgar rasca sutilmente su barbilla mientras escucha la exposición de parte de
uno de los inversores que ha estado dándole vueltas y vueltas a un asunto que
no sabe cómo darle mayor realce o, mejor dicho, no sabe exponer su punto en
cuestión.
Está
intentando controlar sus pensamientos que van y vienen sin permiso alguno y
esto ha sido desde hace más de una hora en que se dio el vamos a la contra
parte para plantear sus requerimientos y objeciones a este nuevo proyecto.
Y no son
pensamientos precisamente relacionados a lo que la convoca sino a uno que desde
ayer la tiene yendo y viniendo desde un día puntual de su pasado. Un día clave
que le cambio la vida y la dejo sobre expuesta a emociones que no esperaba
vivir.
Sus ojos
escudriñaban sin querer aquellas manecillas e intentaba restringir el suspiro
de cansancio y de una lata profunda ante la incompetencia del expositor.
La paciencia,
la madre de todas las virtudes y la que hoy precisamente estaba con una fuerte
crisis de histeria dada la demora y terquedad de aquel ceo.
Fue un gesto
involuntario en su pierna que se encontró escuchando el ruido de su taco estaba
delatando su estado de impaciencia y de inmediato corrigió el desliz y centro
toda su capacidad en prestarle atención al grafico de valores y porcentajes.
Iba a ser una
jornada más larga de lo que esperaba y le gustará o no, tendría que a
bancárselas. Sabía que contaba con dos días a su favor para prestarle toda su
atención a lo que realmente le estaba robando su paz y que a esas alturas
estaría a medio camino.
Y hablando de
aquello…
El automóvil rodaba
por avenida bosques de monte mar a dos cuadras de avenida los pellines en dónde
se encontraba un condominio de apartamentos y el destino final de los ocupantes
de ese coche, mejor dicho, de la mujer más que nada.
Había hecho
el viaje en tiempo récord ya que habían partido a eso de las 4:30 minutos dejándole
un margen de solo 30 minutos para ir a viña a recoger a su patrona. El retraso
no entraba en los planes de la señorita Bezanni y bien lo sabía el chofer que
tendría que acelerar un poco más y eso, sin contar que pudiera surgir algún
percance en el tránsito a la ciudad jardín.
Unos momentos
más de rodar y el coche entraba directo por la puerta principal del condominio.
Fueron recibidos por el conserje que después de tomar nota de ciertas cosas,
procedió a entregarles las llaves al chofer y dejarlos partir con dirección a
la cuarta torre de edificios de aquel condominio.
Se
estacionaron en el aparcado 507 correspondiente al número de apartamento.
—Gracias Sebastián, yo puedo continuar desde aquí para que
te vayas a buscarla y así, no te retrases más — expuso Patricia al chofer.
—Aunque tengo órdenes estrictas de la señorita Bezanni de
acompañarlas hasta la suite, voy a confiar en usted y me tomaré esa libertad de
retirarme — dijo el chofer. — por favor, no nos exponga a ninguno de los dos.
—Descuida, no lo hare — acordó Patricia. — He dado mi
palabra y pienso cumplirla. Ve tranquilo.
—Muy bien — aceptó Sebastián y se puso en marcha.
En cosa de segundos se alejaba con rumbo a la portería en
busca de su jefa. Mientras que por su parte…
—Bueno ya estoy aquí — se mentalizó Patricia viendo la
puerta del edificio y un fuerte suspiro dio paso en su lugar. — No quiero
hacerlo en verdad, pero no tengo más opción.
Sin más que decir, encaminó sus pasos hacia el pórtico
principal y después de saludar a otro conserje que le entregó un sobre con
indicaciones de parte de Bezanni, dirigió sus pasos hasta el ascensor. Después
de esperar unos segundos, abordó dicho cubículo hasta que llegó al último de
los pisos que era un apartamento único, amplio y bien equipado como amoblado
para los fines que habían sido adquirido.
Tuvo que marcar un código de seguridad y después acceder con
la llave maestra. Mañas de seguridad de su propietaria al fin de cuentas. Es lo
que atañe a la privacidad de este submundo.
—Me preguntó cuántas más habrán sido traídas acá después de
que partí — cuestionó Patricia observando todo el apartamento. — Se nota que fue
decorado nuevamente. Es extraño ella no es de reemplazar las cosas porque sí.
Ese pensamiento estaba muy bien consolidado por los años
compartidos al lado de su dominante y se podría decir que la conocía mejor que
muchos de sus cercanos en esos años. Y eran precisamente años los que habían
sido su separación y muchas cosas pueden cambiar o variar dependiendo.
—Veamos que instrucciones dejo — musito Patricia abriendo el
sobre y comenzó a leer.
No sabía si reír o llorar por su desgracia de tener que
volver a sumergirse en aquello que debió dejar por razones obvias.
—¡Ay, Dios! — murmuró la madre de Laura al terminar de leer.
— Realmente se las va a cobrar todas y cada una de mis faltas.
Dejo aquel papel sobre el mostrador junto a las llaves y se
fue hacia uno de los dormitorios indicados. Tamaños ojos abrió al ingresar y
ver que también había sido modificado completamente. Ahora se parecía a uno de
los privados de castigo que había en el antro con todo y sus respectivos
elementos. Nada quedaba de aquel cuarto.
Ahora entendía porque la hizo ir ahí primeramente para que
se hiciese el cuadro completo de lo que se esperaba de ella.
Sacudió su cabeza para quitarse la tirria del momento y
salió del lugar para ir a otra de las habitaciones, una muy pequeña según
recordaba.
En esta halló solo un comodín y una cama de plaza nada más y
sobre ella estaban las vestimentas que debía vestir para esperar a su
dominante. Y fue ahí, que se le fue el color de las mejillas a Patricia y tragó
grueso.
—Realmente lo hace acido para mí — se lamentó ella.
Llevo las manos a su cara intentando sopesar las cosas y de
paso, convencerse de lo que sería para ella de ahora en adelante.
—Ahora me hago a la idea de porque no deseaba que trajese
más que mis documentos — replanteándose las cosas.
Y salió de dicho cuarto con rumbo al otro lugar que se le
indicó que era un cuarto de baños. En el encontró una cantidad de botellas con
lociones, jabones, accesorios de depilación y limpieza. Además, estaba colgada una
bata de una tela de tul negro casi trasparente.
—Ni loca voy a usar una cosa como esa — masculló Patricia
que no era dada al tenor de esa vestimenta. —Para eso no me visto.
Sin más se marchó del lugar ahora a otro sector en dónde se
hallaba una especie de sala de estar y un poco más allá, se encontraba una mesa
de cristal tallada, en cuyo centro se hallaba una laptop, unos documentos, un
estuche de cristal también con un bolígrafo de plata y lo más duro de asumir
para ella, un accesorio que era el símbolo de compromiso y sumisión total…un
collar de cuero y terciopelo con las letras C B entrelazadas y bordado en hilos
dorados.
Esto último le quito de golpe el aire a la mujer que estaba
a un paso de colapsar. Realmente le era duro de asumir todo nuevamente y es que
no estaba mentalizada para retomar algo que ahorita no estaba dispuesta hacerlo
como cuando era una chiquilla.
Y cuando decimos que era una cría es porque realmente lo fue,
estaba año luz de haber sido mayor de edad en ese tiempo(16) y en su minuto le
trajo complicaciones a su dominante cuando se enteró, más supieron solucionarlo.
Además, que su señora también era muy jovencita en ese tiempo, unos 20 años.
Ahora, la cosa es distinta, ambas son mujeres maduras y
saben lo que hacen y quieren…Pero, ha pasado mucha agua bajo el puente.
Se logró sobreponer a sus resquemores y continuó con las
instrucciones, tomó los documentos y los leyó cuidadosamente las tres páginas
que constaba.
—Definitivamente tomó precauciones y me ha acorralado por
todos lados — musitó Patricia dejando sobre la mesa aquellos papeles. —Esto es
mucho más de lo que imaginaba que podía pedir. Es una revancha por dónde se le
mire.
Tamborileo sus dedos sobre la mesa varias veces a la vez que
sus pensamientos cruzaban raudos por su mente. Tenía que sopesar las cosas muy
seriamente antes de tomar una decisión y, sobre todo, el tiempo que le restaba
antes de que ella arribara a la suite.
Había empeñado su palabra, pero ahora más que nunca las
palabras de Lucía de esa noche le venían a recordar que si valía la pena todo
esto.
Los engranajes en su cabeza estaban a tope de actividad intentando
equilibrar la balanza del amor de madre versus la subyugación completa a manos
de Calixta.
Y sin pensarlo más, se giró hasta llegar a la entrada
principal, tomar su bolso y abrigo, coger las llaves y salir de aquella suite.
Necesitaba claridad más que nunca y estando en ese lugar no
iba a encontrarlo por lo que decidió salir en busca de aire fresco. Al llegar a
la planta del primer piso salió rápidamente sin reparar en persona alguna,
simplemente se largó.
A su vez y en otro sitio…
La manecilla se había detenido justo cuando marcaba las 6
con veinte. 20 minutos de retrasos en una junta que terminó aceptando el
proyecto sin mayores inconvenientes. Y es que pudo más el prestigio del
apellido Bezanni que el resquemor de un inversionista que deseaba dividendos de
inmediato y eso es imposible en cualquier negocio.
Cerraron el acuerdo con firmas y apretón de manos de todas
las partes y fue la propia Calixta que les acompañó hasta el lobbies y
despedirse apropiadamente como se espera de una mujer de negocios.
Una vez despachados, se fue rauda al ascensor hasta el piso
de sus oficinas y ordenó todo cuanto quedo en la sala de reuniones para
entregárselos a su secretaria.
—Archiva estos documentos y los otros dáselos al junior para
entregarlos mañana a primera hora en Serviu e impuestos internos. Que Gerardo
vaya al municipio para gestionar los permisos — ordenó Calixta. — Estaré desde
casa trabajando por si necesitas algo, me envías un email ¿de acuerdo?
—Se hará como usted diga, señorita Bezanni — respondió
Luisa. — ¿se retira ya?
—Sí, tengo un compromiso que atender — expuso Calixta
revisando su móvil y añadió. — Termina lo que estás haciendo y despecha al
resto a casa. Asegura de dejar todo bien cerrado.
—Por supuesto — acotó la secretaria. —Y que le vaya bien en
su compromiso.
Bezanni levantó sus ojos de su móvil para ver a su empleada
y por primera vez en los años que llevaban trabajando juntas, es que se
permitió sonreír ante lo dicho por su secretaria. Le hizo gracia su comentario.
—Lo disfrutaré te lo puedo asegurar — afirmó Calixta dejando
sorprendida a su empleada que casi quedo en shock al verla sonreír de esa
manera.
No espero ningún otro comentario más de parte de su empleada
y entro a su oficina, recogió sus cosas y salió del lugar.
Momentos más tarde abordaba su vehículo que estaba en su
lugar como era costumbre.
—Directo a monte mar — ordenó Calixta acomodándose en el
asiento. — Sebastián.
—Muy bien — repuso el chofer.
De este modo el vehículo se enfiló con destino a Reñaca más
precisamente, cerca de Con- Con.
Estaba más que claro que muchas cosas iban a cambiar a
partir de aquel encuentro, eso sí se concretaba claro está. Como se dijo, la
vida te da sorpresas.
Un tiempo más tarde y en el que el manto de la oscuridad
comenzaba a cubrir los cielos. Una mujer no dejaba de contemplar el horizonte
desde hace mucho rato ya y solo sería una brisa helada la que la devolvería a
su realidad.
Estiró sus brazos para quitarse el letargo de su cuerpo,
colocó su abrigo y se levantó de la banca en que se hallaba. Dirigió sus pasos
hacia su destino.
Lentamente se condujo por el caminillo empedrado del lugar
hasta llegar a su objetivo. Ingresó sin más al recinto hasta perderse de la
vista de cualquier ser humano.
Justo cuando el minutero del reloj de pared marcaba las ocho
con treinta minutos, se abría una puerta e ingresaba una mujer que no tuvo
tiempo suficiente para reaccionar como para percatarse ya que el lugar estaba a
oscura cuando fue jalada con fuerza por unos brazos que la estamparon contra la
pared y apresaron junto con otro cuerpo.
—¿Por qué has faltado a tu palabra? — le recriminaron al
momento en que se encendió la luz de golpe.
Entre acostumbrar a sus pupilas a luz de golpe y enfocar su
mirada al frente, le tomó unos segundos centrarse en aquellos acerados ojos
celestes que estaban sobre sí.
—¡Calixta! — musito con un dejo de pavor Patricia.
—¡Respóndeme! — exigió la dominante.
—No he faltado a mi palabra — defendió a duras penas Patricia
que se resintió por el empellón que le dieron. — Solo retrase mi encuentro
contigo. Estoy aquí después de todo.
—¿Con qué derecho malgastas mi tiempo? — espetó Calixta
viéndola con enojo. —Pediste reunirte conmigo aceptando mis términos y has sido
incapaz de cumplir. ¿acaso te has convertido en una embustera con los años?
¡Ahí estaba! Lo intransigente por lo que es conocida. No
deja pasar nada en absoluto y menos con el ego herido que puede socavar en lo
más profundo de un ser humano.
—No tengo ningún derecho — respondió cansada Patricia y por
primera vez desde que se conocieron, se permitió ser honesta y valiente. — Y
tampoco tenía la intención de volvernos a encontrar.
—¿Por qué lo has hecho entonces? — inquirió más aireada Calixta
ante lo expuesto. — Yo no te he obligado a venir. Me mantuve todos estos años
lejos de ti y cumplí con lo que pediste. Lo cual no puedo decir lo mismo de tu
parte.
Patricia bajo la cabeza chocando con el torso de su
dominante al mismo tiempo.
—¡Mírame cuando te estoy hablando Patricia! — demandó
Calixta.
En el acto alzó su rostro ante la orden de su dominante y
esta vez lo que hayo no fue la furia contenida de hace un rato, sino que había
otras emociones reflejadas en su iris.
—¡Lo siento! — se disculpó Patricia suspirando más aliviada
a la vez. — No buscaba hacerte perder el tiempo, me abrumó leer el contrato y
todo lo que encontré, fue demasiado de un solo golpe. Estoy muy consciente que
he pedido reunirme contigo y hay reglas que debo aceptar con esta solicitud por
eso me fui a caminar por un rato antes de hablar contigo.
—¿Por qué has venido? — preguntó nuevamente Bezanni
escudriñando sus ojos.
—Por Laura — fue la respuesta de Patricia.
Esta respuesta no fue inesperada por parte de la dominatriz,
sino que esperada y había algo en ello, que la tenía intranquila. No sabía el
por qué, más era un palpito. Si bien no conocía a la chica personalmente,
aunque estuvieron en el mismo antro esa vez. Bezanni estaba en un apartado en
el subterráneo y desconocía que fuese hija de su sumisa porque de lo contrario
hubiese detenido de inmediato a Martina y evitado lo que sucedió y el impasse
que provocó cuando Pía le comentó acerca de la joven.
Un día más tarde recibiría la llamada de parte de Patricia
que en años estuvieron sin contacto alguno y esto la dejo en un plano complejo
y tuvo que citar a Martina y a través de una llamada comprometieron cuidados a Laura.
Y a pesar de que han pasado unos meses, todavía no llega a
conocer a la hija de Patricia y ahora en cierta forma le pesa aquel suceso
porque estaba segura de que podría sacarse las dudas que han rondado en su
cabeza desde hace unos días.
—Me he comprometido contigo a escucharte y es lo que haré —
expuso Calixta colocando un mechón del cabello de su sumisa detrás de su oreja,
un gesto de cuidados que siempre hizo. — ¡Acompáñame!
Dicho esto, tomó entre sus manos la de su sumisa y la
condujo hasta la sala de estar al interior.
Esta iba a ser una noche que pintaba distinta, emotiva, reveladora,
decisiva a la vez dependiendo de lo que se expusiera y, sobre todo, dejaría
huella en su transcurso.
De una cosa estaba más que clara y es que tanto Calixta como
Patricia no eran las mismas de hace unos años y éstos han hecho mella en las
dos, pero sobre todo en quien es la dominante y ahora, debían hablar antes que
se cobrase el precio a…
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